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jueves, 7 de julio de 2011

¡EL FARISEO Y EL PUBLICANO! (Lucas 18:19-14)

A lo largo de Su vida y de Su ministerio, Jesús enseñó muchas cosas en parábolas. Una de las más breves y a la vez mas profundas de todas fue la parábola del fariseo y el publicano. La Biblia nos relata que Jesús “dijo esta parábola a unos que confiaban en si mismos, teniéndose por justos, y despreciaban y miraban por encima del hombro a los demás” (Luc.18:9).
Antes de pasar a leer la parábola propiamente dicha, quizá convenga saber qué era exactamente un “fariseo” y qué era un “publicano”. Los fariseos constituían la más influyente de todas las sectas religiosas judaicas de la época de Jesús. La palabra “fariseo” significa textualmente “los separados, los separatistas”, definición que da a entender la naturaleza fundamental de sus creencias. Eran los más estrictos, legalistas de la época, y se comprometían a obedecer y observar toda la infinidad de reglas restrictivas, tradiciones y leyes ceremoniales del judaísmo ortodoxo. Se consideraban como los únicos seguidores auténticos de las leyes divinas, por lo que se creían mucho mejores y más santos que ninguna otra persona. De ahí que se separaban no solo de los no judíos -a quienes trataban con perfecto desdén y consideraban “perros gentiles” paganos-, sino que inclusive se ponían por encima y aparte de sus propios hermanos judíos.
¡Los publicanos, por otra parte, eran considerados por sus compatriotas judíos como gentes de la peor clase! Esto obedecía a que eran recaudadores de impuestos para las fuerzas extranjeras que ocupaban y regían Palestina: la Roma imperial. Sus hermanos los tenían por traidores por el hecho de que tenían autoridad para cobrar impuestos en nombre del César. Los romanos indicaban a los publicanos las sumas que debían cobrar al pueblo en forma de impuestos, y éstos podían recaudar lo que quisieran por encima de esa cantidad para sus propios ingresos. Generalmente eran, pues, unos desfalcadores, estafadores y ladrones de los judíos, por lo cual sus compatriotas los despreciaban muchísimo y los consideraban como la escoria de la sociedad.
De ahí que cuando Jesús narró esta parábola estableciendo el contraste entre un fariseo y un publicano, eligió a las dos figuras más diametralmente opuestas de toda la sociedad judía. Al uno se le tenía como el mejor, el más justo, el más religioso, el más santo y el mas piadoso de todos los hombres. ¡Mientras que el otro era visto como el peor, el más asqueroso y traicionero canalla que pudiera existir!
He aquí la parábola en las propias palabras de Jesús: “Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: ´Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, estafadores, injustos, malos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy fielmente diezmos, una décima parte de todo lo que gano´.”
“Mas el cobrador de impuestos se mantuvo lejos y ni se atrevía a alzar los ojos al Cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ¡Dios, sé propicio a mí, pecador!”
“Entonces Jesús dijo a los que lo rodeaban: ´En verdad os digo que éste descendió a su casa justificado delante de Dios; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.” (Lucas 18:10-14)
Según Jesús, ¿cuál de estos hombres llegó a justificarse ante Dios? ¿El fariseo que aparentaba ser muy justo y santo, y que innegablemente se creía recto y bueno? ¿O el cobrador de impuestos, el pecador, al que otros desdeñaban y que según parece hasta se desdeñaba a sí mismo; aquel pecador que se sentía tan avergonzado que ni se atrevía a levantar los ojos al Cielo sino que, sin presunción alguna, imploraba misericordia y perdón a Dios?
¡El modo de ver Dios las cosas suele ser muy distinto del nuestro! Él dice: “¡Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos Mis caminos!” (Isaías 55:8,9) Si bien indudablemente eran muchos los pecados del publicano, gracias a que confesó y reconoció con humildad y sinceridad al hecho de que era pecador y que precisaba de ayuda divina, ¡Jesús dijo que éste fue el que abandonó aquel día el templo justificado, no el fariseo que se enorgullecía tanto de su propia bondad y rectitud, que a su modo de ver ni necesidad tenía de pedir ayuda a Dios! ¡Antes, probablemente creía que le estaba haciendo un favor a Dios al honrarle con sus oraciones!
Hay que aclarar, sin embargo, que a los ojos de Dios, el orgullo religioso santurrón como el manifestado por aquel fariseo, es el peor y más grande de los pecados, esa actitud hipócrita y beata de considerarse mejor que los demás, ¡y que lleva  los farisaicos a despreciar y a tener en menos a los demás por no considerarlos tan santos, puros, fieles o buenos como creen ser ellos! ¡A las personas así, los demás con frecuencia llegan a tenerlas por los seres más difíciles, intolerantes y de miras estrechas que hayan conocido jamás! ¡Ya que en vez de amar, perdonar y entender a los que los rodean, viven siempre criticando, juzgando y condenando a quienes no practican todos los “buenos actos” que hacen ellos!
Los Evangelios nos cuentan que “cuando los fariseos vieron a Jesús sentado a la mesa y que muchos publicanos y pecadores habían venido a sentarse y comer juntamente con Él, se encendieron de ira y preguntaron a Sus discípulos: ¿Cómo es que vuestro Amo come con los inmundos publicanos y pecadores? Pero Jesús les respondió: “Tienen que ir a aprender lo que significa: ¡Misericordia quiero, y no sacrificio!” (Mateo 9:10-13). Explicado de otro modo, Jesús les quiso decir: “!Preferiría que tuvieran más bien amor y misericordia, en lugar de limitarse a guardar la Ley y hacer toda una serie de sacrificios movidos por un rígido sentido del deber! ¡Preferiría que manifestasen amor a los demás en vez de ser tan santurrones y criticones!”
¡Seamos realistas, ninguno tenemos ni una pizca de bondad propia; si algo de bueno hay en nosotros se debe exclusivamente al Señor y Su bondad! ¡Dios es el Único que es que bueno! Su Palabra dice: “Todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). ¡Todo el mundo es malo salvo los que tienen fe y poseen la bondad de Dios, el amor de Dios, la justicia de Dios! El propio San Pablo dijo: “!Yo se que en mi, en mi naturaleza, no mora cosa buena!” (Romanos 7:18)
¡Jesús se encolerizó tanto con la hipocresía santurrona y mojigata de los fariseos, que los catalogo de peores que los borrachos y las prostitutas, que los publicanos y los pecadores a quienes aquellos desdeñaban! ¡Y añadió que dichos pecadores tenían más posibilidades de llegar al Cielo que los fariseos!
Jesús les dijo en la cara: “¡De cierto les digo que los publicanos y las rameras van delante de ustedes al Reino de Dios!” (Mateo 21:31) Hasta llegó a decir a Sus propios discípulos: “!En verdad les digo que si su justicia no supera a las de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos!” (Mateo 5:20) Es decir, a menos que sean mejores que ellos, ¡jamás llegarán al Cielo! Y la única forma de ser mejores que ellos es tener la justicia de Cristo, porque los fariseos eran de los más buenos que pudiera haber en el plano natural.
Tanto detestaba Jesús la hipocresía de los fariseos que siempre simulaban ser tan justos y rectos, que en la más enconada denuncia que profirió jamás contra persona alguna, les declaró en público: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas, porque limpian lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro están llenos de estafas y de injusticia! ¡Fariseo ciego! ¡Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio!”
“¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas, porque son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera se muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda suerte de inmundicia! Así también, ¡por fuera se muestran justos a los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía e iniquidad!” (Mateo 23:25-28)
¡Lo que hacía tan hipócritas y santurrones a los fariseos era su soberbia! Eran demasiado orgullosos para confesarse pecadores como todos los demás. Es más, no solo eran incapaces de confesar sus pecados, ¡sino que ni siquiera los veían! ¡Eran incapaces de admitir que pudiera existir algún mal en ellos, por lo que resultaban siendo “ciegos guías de ciegos”! (Mateo 15:14)
Es casi un alivio saber que uno es malo, admitir llanamente que uno no es bueno. ¡Al fin y al cabo, Dios ha dicho en Su Palabra que nadie es bueno! Por eso la peor clase de personas a los ojos de Dios son los que simulan ser buenos y miran a todo el mundo por encima del hombro. Su Palabra dice: ¡”No hay justo, ni aun uno! De ahí que por gracia somos salvos por medio de la fe; y esto no de nosotros, pues es don de Dios; no por nuestras propias obras ni bondad, para que ninguno nos gloriemos” (Romanos 3:10; Efesios 2:8, 9). Basta con que seamos sinceros y confesemos: “No soy bueno. Soy malo. Soy pecador. ¡Por supuesto que cometo errores! ¡Si, algo tengo de bueno es gracias a Jesús y nada más!”
El concepto que Dios tiene de la bondad y de la justicia no es el del perfeccionista que se cree inmaculado, ¡Sino el del pecador lastimoso, sin remedio, humilde y pecaminoso que sabe que necesita a Dios! ¡A éstos vino a salvar! “¡Porque no he venido a llamar a justo -dijo Jesús--, Sino a pecadores!” (Mateo 9:13) Así que para Dios la virtud consiste en depended de Él, el pecador que sabe necesita a Dios y que cuenta con Él para salvarse; ¡no el fariseo hipócrita y santurrón, convencido de que puede triunfar por sus propios esfuerzos y salvarse a base de su propia bondad!
¡El concepto divino de la santidad es el del pecador salvado por gracia, desprovisto de toda perfección y de toda justicia propia, que depende totalmente de la gracia, el amor y la misericordia de Dios! Y aunque parezca mentira, ¡esos son los únicos santos que existen! ¡No hay otros!
Total que ¿a cuál de los dos te pareces tú? ¿Al fariseo o al publicano?

ORACIÓN: Señor, Jesús, sabemos que la santurronería es orgullo, y que el orgullo es lo contrario del amor y la humildad. Te rogamos, pues, Señor, que no llenes hoy mismo de amor. Ayúdanos a no condenar a los demás, a ni siquiera pensar o rezar: “Oh Dios, te doy gracias que no soy como los otros hombres”. Cuando criticamos y nos ponemos orgullosos y nos alegramos de que no somos tan malos como los demás, ¡en realidad somos aún peores!
Tú dijiste: “Misericordia quiero y no sacrificio”. ¡Debemos pasar tiempo a solas contigo para aprender lo que esto significa! ¡Te rogamos, Señor, que nos ayudes a amar y perdonar los pecados ajenos así como Tú nos has perdonado a nosotros! Y ayúdanos a apiadarnos de los demás como Tú te has apiadado de nosotros. En el nombre de Jesús te lo pedimos, amén.

lunes, 20 de junio de 2011

¡EL EVOLUCIONISMO POR LOS SUELOS!

              Actualmente la mayoría de la gente ha caído en tal engaño, tragándose el cuento de que la teoría de la evolución es cierta, ¡que jamás se le ocurriría ponerla en tela de juicio o dudar de ella! Es más, muchos que se dicen cristianos automáticamente prestan fe a los «sumos sacerdotes» de la moderna «vaca sagrada» --la ciencia-- y se tragan la mentira de la evolución, ignorando la advertencia bíblica de que «¡evitemos las profanas pláticas sobres cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia!» (1Timoteo 6:20) ¡Este pasaje de las Escrituras se aplica perfectamente al evolucionismo, toda vez que éste no es de ninguna manera una verdadera ciencia!
              Hasta tal punto se ha dejado engañar el mundo, que la mayor parte de los textos de biología actuales se refieren al evolucionismo como «el gran principio» de dicha ciencia. No obstante, según el diccionario, un «principio» es una «verdad fundamental» o «hecho comprobado», ¡y no existen pruebas que confirmen la teoría de la evolución! Es una doctrina que hay que aceptar por fe. Sin embargo, en 1959, durante la celebración del Centenario Darwiniano en Chicago, Sir Julian Huxley, dirigiéndose a una asamblea de 2500 delegados allí reunidos, dijo: «El evolucionismo no da cabida a lo sobrenatural... Todos aceptamos la evolución como un hecho... La evolución de la vida ya no es una teoría. Es un hecho... constituye la base de todo nuestro pensamiento». ¡Pero un «hecho» que no se puede comprobar, no es un hecho! En las siguientes páginas, pues, presentaremos por qué el evolucionismo no es una verdad demostrada, sino una mera teoría.
              La esencia de la teoría de la evolución es la gran suposición de que de algún modo la vida surgió de lo inanimado por azar; que «por pura `casualidad` las sustancias químicas precisas se encontraban en el lugar indicado, debidamente dispuestas, en el momento oportuno y en condiciones óptimas, y que mediante un misterioso proceso electroquímico --PUF--, ¡se originó la vida por sí sola!» Eso afirman dogmáticamente los evolucionistas. No obstante, y tal como afirmó Edwin Conklin, profesor de biología de la universidad de Princetown: «La probabilidad de que la vida se haya originado por casualidad es tan inverosímil como suponer que un gran diccionario resultase de una explosión en una imprenta».
              En cuanto a la llamada «célula simple», a partir de la cual, según dicen los evolucionistas, evolucionaron todos los seres vivos, la revista «Look» declaró: «¡La célula es tan compleja como la ciudad de Nueva York!» Igualmente, el evolucionista Loren Eisley admitió en su libro «The Immense Journey» (El viaje inmenso) que «intensos esfuerzos revelaron que aun la ameba, la cual se suponía simple, es en realidad una compleja fábrica química autosuficiente. El concepto de que no era más que una masa simple resultó ser, en el mejor de los casos, ¡una monstruosa y ridícula deformación de la verdad!»
              ¿Te imaginas que un diccionario, o una fábrica de productos químicos...o la ciudad deNueva York....empezasen a existir solitos, como por arte de magia --PUF--, sin la intervención de ningún diseñador, planificador o creador inteligente? ¡Tal es la «lógica» de la evolución, que supone que la infinitamente compleja célula «simple» se formó accidentalmente y luego cobró vida sin más ni más, por pura coincidencia, sin que nadie interviniera! Al comentar esta hipótesis, el biólogo británico Woodger dijo: «¡Es dogmatismo, ni más ni menos, sostener que aquello en lo que uno quiere creer, de veras llegó a ocurrir!»
              ¡De acuerdo con la Biblia, todos los seres vegetales y animales actuales se enmarcan dentro de determinadas especies fijas, cada una de las cuales fue creada individualmente por Dios y conserva su forma actual desde la Creación! El evolucionismo, no obstante, sostiene que todas las formas de vida cambian continuamente y «evolucionan», transformándose en otras «más avanzadas», y que por consiguiente no existen «especies» determinadas; ¡todas las formas de vida guardan relación entre sí toda vez que evolucionaron a partir de un antepasado común, y aun hoy en día se encuentran en constante estado de transformación! ¡Eso alegan los evolucionistas!
              Esto está en franca contradicción con la Palabra de Dios que declara que todas las criaturas vivas fueron creadas por él «según su género», capaces de dar semilla o fruto «según su género». (La palabra «género» corresponde al vocablo hebreo «min», que hoy se traduciría con más precisión como «especie».)
              ¡Nunca se ha sabido ni ha llegado a comprobarse que un perro se convirtiese en gato, ni un gato en perro! ¡Hay toda clase de perros y gatos, mas no existen perros-gato ni gatos- perro! ¡Dios creó todos los seres «según su género», y les es imposible transformarse en otro!
              Este hecho perturbó al propio Darwin, que se hizo la siguiente pregunta: «Si es cierto que todas las especies han descendido de otras a través de una sutil gradación, ¿cómo es que no vemos por todas partes innumerables formas de transición? ¿Por qué no se halla la naturaleza entera en estado de confusión, en lugar de estar las especies bien definidas tal como las vemos?» ¡La respuesta a la pregunta que se planteó Darwin es sencilla! Bastaba con que hubiera leído el capítulo primero del Génesis para saber que las especies no descendieron unas de otras, sino que fueron creadas ordenadamente por Dios en «géneros» fijos; ¡por eso no está la naturaleza sumida en un estado de confusión!
            Hay, sin embargo, quienes preguntan: «¿Acaso no han producido nuevas especies de plantas, y animales híbridos, los científicos que vienen haciendo investigaciones en el campo de la genética ? ¿No demuestra eso que especies totalmente nuevas pudieron haber evolucionado a partir del cruce de padres de distintas especies?» No. La definición aceptada de «especie» en los medios científicos es la de «grupo de organismos que se cruzan libremente produciendo descendencia fértil». ¡Los escasos híbridos que se pueden producir no son «descendencia fértil», sino estéril! Como lo reconoce la enciclopedia «Collegiate»: «La infertilidad de los híbridos es un mecanismo por el que las especies se conservan claramente definidas».
            El propio Dios ha impuesto la barrera de la esterilidad para evitar el cruce desordenado de los «géneros» originariamente determinados por él. Claro ejemplo de ello es la mula, que es un híbrido engendrado por el cruce de un burro con una yegua. Aunque exteriormente parece ser una nueva especie o «género», resulta imposible que una mula y un mulo se reproduzcan. La única forma de seguir produciendo mulas es cruzando burros con yeguas. Este principio biológico establecido por Dios fue constatado por Richard B. Goldschmidt, evolucionista y profesor de zoología, que escribió: «Jamás se han traspasado los límites de las especies, los cuales se hallan separados de los límites de la siguiente especie por un abismo infranqueable: la esterilidad».
            Puede que te preguntes: «Pero ¿qué hay de los extensos experimentos realizados con radiación que han llegado a producir verdaderas mutaciones y alteraciones en diversas criaturas como la mosca de la fruta? ¿No nos brindan suficientes pruebas de que mutaciones semejantes podrían constituir el `componente básico de las transformaciones evolucionistas`, como las llamó sir Julian Huxley, y como afirman la mayoría de los científicos y educadores actuales?»
            Tendríamos que responder que si bien en incontables experimentos las moscas de la fruta fueron sometidas a bombardeos de radiación que dieron lugar a muchas mutaciones, éstas no produjeron más que deformidades, como cuerpos enanos, alas mermadas, y otras; ¡pero nunca dieron lugar a un nuevo «género»! ¡Ninguno de los miles de experimentos científicos realizados con mutaciones ha producido jamás una nueva especie animal o vegetal, ninguno! Todos los genetistas y evolucionistas, secundados por sus muchos conocimientos, e intelecto... trabajando en laboratorios, en circunstancias «perfectas»... y valiéndose de las más modernas técnicas de radiación (que multiplica un millón de veces la probabilidad de que se produzcan mutaciones), ¡han fracasado rotundamente, no pudiendo cambiar ni transmutar un solo «género» en otro! ¡Ni siquiera lo logran cuando lo intentan deliberadamente en circunstancias ideales! ¡Sin embargo, estos mismos evolucionistas nos piden que creamos que los millones de formas de vida que habitan hoy en día sobre la tierra --con toda su variedad, belleza y complejidad-- se produjeron por puro azar, sin la intervención de ningún ser inteligente!
            Para ilustrar el efecto de las mutaciones genéticas en un organismo, H. Kalmus hizo la siguiente declaración en su libro «Genetics» (Genética): «Una comparación popular sería la del reloj; en caso de que cierta parte del mecanismo resulte alterada por un cambio, es muy improbable que el reloj se perfeccione por efecto del accidente».
            Un impresionante ejemplo de los efectos negativos de las mutaciones de genes ocurrió en Hiroshima y Nagasaki (Japón) a fines de la Segunda Guerra Mundial. Los individuos que lograron escapar de una muerte instantánea tras el lanzamiento de pavorosas bombas atómicas sobre aquellas ciudades , se vieron expuestos a diversos grados de radiación atómica, que dejó como secuela miles de mutaciones. Ninguna de ellas produjo ningún nuevo prototipo de ser humano más avanzado y superior como el evolucionismo nos llevaría a suponer. ¡Antes, las lastimosas víctimas de estas mutaciones de genes sufrieron deformidades, daños y muerte!
            Otro argumento decisivo es que de ser cierto este complejo entramado de inventos y fábulas llamado la evolución, ¡ya debieran haberse desenterrado eslabones perdidos en cantidades industriales! ¿No es verdad? De haber evolucionado las especies durante miles de millones de años, ¡encontraríamos eslabones perdidos hasta en la sopa! Así y todo, luego de 130 años de excavaciones arqueológicas y paleontológicas, cientos de millones de fósiles han sido extraídos de todo tipo de estratos rocosos fosilíferos, ¡y ninguno de ellos constituye una «forma de transición» o eslabón perdido! ¡Evidentemente todos pertenecen a especies definidas! De hecho, ¡se estima que se han encontrado y clasificado más de 100.000 especies de fósiles bien determinadas! ¡Sin embargo, ninguna ha resultado ser un «eslabón»!
            Recientemente, A.S. Romer, profesor de zoología de la universidad de Harvard, resumió la actual situación de la siguiente forma: «Hay eslabones perdidos precisamente en los puntos de la cadena donde con mayor fervor los deseamos, y es muy probable que estos `eslabones` sigan faltando».
            ¡No hay hombres-mono, ni tampoco monos- hombre, y toda esa patraña que uno lee y ve ilustrada en la mayoría de los textos modernos de biología no son más que diabólicos disparates! Darwin sostenía: «Los simios (monos) se bifurcaron en dos grandes ramas, los del Nuevo Mundo y los del Viejo Mundo; y de éstos últimos, en una época remota, salió el hombre». Sin embargo, los científicos no tardaron en comprender que era imposible reconstruir una cadena evolutiva medianamente creíble en la que se demostrara que el hombre descendía directamente de los simios. ¡Por eso fraguaron una nueva teoría!
            ¡Ahora los evolucionistas modernos sostienen que el hombre no desciende de los monos, sino de un primate aún más primitivo que resultó ser el antepasado común de simios y hombres! No obstante, tal como confesaron los destacados evolucionistas autores del libro «Los primates»: «Desafortunadamente, las primeras fases del progreso evolutivo del hombre a lo largo de su línea particular siguen siendo un gran misterio». La revista «The Scientific American» se pronunció en términos semejantes: «La naturaleza de la línea evolutiva que conduce al hombre actual sigue siendo una cuestión puramente teórica».
            Pese a todo esto, la mayor parte de los evolucionistas actuales insisten en que el hombre descendió de los primates. Para «demostrar» su teoría, se basan en los australopitecos («hombres-mono» del sur), cuyos fósiles fueron desenterrados en áfrica en años recientes y que afirman que son «el eslabón perdido». ¡Basta, sin embargo, con examinar más de cerca a los australopitecos para darse cuenta de que en ningún caso se tratan de especímenes «humanos»! Por ejemplo, su cerebro no tenía sino una tercera parte del volumen del cerebro del hombre. Aun así, algunos evolucionistas teorizan que sabían fabricar herramientas y, por tanto, eran hombres. ¡Esto, no obstante, es un asunto sumamente controvertido en los círculos evolucionistas! El famoso antropólogo J.T. Robinson afirma que no eran estos supuestos «hombres-mono» los que fabricaban utensilios, sino verdaderos hombres. Otro evolucionista, LeGros Clark, advirtió: «No existen claros indicios de que poseyeran ninguno de los atributos especiales que comúnmente se asocian con los actuales seres humanos». El evolucionista R.L. Lehrman escribió: «El australopiteco era simplemente un simio erecto e inteligente, pero no un hombre. Su pequeño cráneo con cejas pronunciadas era igual al de cualquier simio».
            También está el «pitecántropo erecto», al cual para abreviar, lo apodaron «hombre de Java». Fue «descubierto» por el profesor E. Dubois, discípulo de Ernest Haeckle (evolucionista alemán que urdió y fue sorprendido en varios fraudes científicos. Elogió y promovió la teoría de la evolución como medio con el que aspiraba destruir el cristianismo, y fue el primero en inventarse el imaginario «árbol genealógico» evolutivo.)
            ¡Poco se imagina la persona mal informada que el hombre de Java fue «reconstruido» a partir de tan solo un pequeño fragmento de cráneo, tres dientes y un fémur, hallados a 20 metros de distancia entre sí en el lecho de un viejo río de Java! Tampoco nos dicen los evolucionistas que habiendo el mundo aceptado este «eslabón», el propio Dr. Dubois confesó que el llamado «hombre de Java» no era ningún «hombre primitivo», ¡sino un gibón arborícola gigante! En efecto, después de estudiar sus fósiles con mayor detalle, ¡Dubois tuvo la honestidad de llegar a la conclusión de que el «hombre de Java» no era sino un simple mono extinto --no mitad mono, mitad hombre--, lo cual anunció con plena seguridad! ¡No era el «eslabón perdido» después de todo!
            Con relación al siguiente homínido, el «hombre de Piltdown» o eoántropo de Dawson, la »Enciclopedia Británica», en su edición de 1946, decía: «Este descubrimiento, el siguiente en importancia, fue hecho por el señor Charles Dawson en Piltdown, Sussex, entre los años 1911 y 1915. Encontró la mayor parte del lado izquierdo de un cráneo humano profundamente mineralizado, y además parte del lado derecho; también la mitad derecha de la mandíbula inferior, la cual conservaba aún el primero y el segundo molar. Actualmente los estudiosos británicos ya coinciden en que el cráneo y la mandíbula pertenecieron a un mismo individuo».
            ¡No obstante, más adelante se descubrió que la la resurrección del hombre de Piltdown encerraba otra «monada» fraudulenta! La revista «Science Newsletter» nos lo explica en los siguientes términos: «Una de las farsas más famosas desveladas por pruebas científicas fue la del hombre de Piltdown, hallado en Sussex, Inglaterra... y que según suposiciones de algunos tenía 500.000 años de antigüedad. Después de intensas polémicas resultó ser no un hombre primitivo, sino un compuesto del cráneo de un hombre moderno y la mandíbula de un simio. La mandíbula había sido `tratada` con bicromato de potasio y hierro para que pareciera mineralizada». ¡El cráneo fue sacado de un cementerio medieval! ¡Y hasta los dientes le fueron limados para que parecieran más antiguos! Como se señaló en »Selecciones del Reader's Digest»: «Cada pieza importante resultó ser una falsificación. ¡El hombre de Piltdown fue un fraude de cabo a rabo!»
            Puesto que los evolucionistas teorizan que procedemos de los australopitecos, «suponen lógicamente» que antes de convertirse en hombres modernos, esos simios debieron de evolucionar hasta transformarse en una especie de «hombre» infrahumano y bestial. Entonces, ¿qué aspecto podría haber tenido tal criatura inexistente? ¡Pues más o menos humano, pero a la vez muy peludo, con cejas muy pobladas, encorvado y medio bobo! Es decir, ¡idéntico a como uno se imagina un «eslabón perdido»!
            De ahí que cuando los científicos descubrieron ciertos esqueletos humanos antiquísimos en el valle de Neander, en Alemania, rápidamente lo llamaron «hombre de Neandertal», ¡y «reconstruyeron» su cuerpo y su figura para que se ajustara al aspecto que, según ellos, debía de tener un «hombre» infrahumano!
            Pero la enciclopedia «Collegiate» escribió: «Tradicionalmente se ha representado al hombre de Neandertal con cuello de toro, patizambo, de andar encorvado y apariencia algo bestial. Lo cierto es que el hombre de Neandertal no tenía ninguno de estos rasgos: ¡caminaba erecto, y era tan agradable a la vista como el hombre contemporáneo!» Es decir, ¡que el «hombre de Neandertal» tenía el mismo aspecto que nosotros! ¿Por qué? ¡Porque el llamado «hombre de Neandertal» era en realidad un hombre moderno! El mundo se ha tragado el engaño de que los antiguos esqueletos humanos que se han desenterrado eran restos de un hombre más «primitivo», ¡cuando en la práctica no son más que restos del hombre moderno, que ya existía hace mucho! ¡Pero los evolucionistas jamás lo admitirían!
            La Enciclopedia prosigue diciendo: «Un dato singular sobre el hombre de Neandertal es que en los machos el volumen del cerebro oscilaba entre 1.425 y 1.641 cc., con un promedio de 1.553 cc. El volumen cerebral medio del hombre actual es de aproximadamente 1.350 cc. De ahí que el tamaño promedio del cerebro del hombre de Neandertal era considerablemente mayor que el del hombre contemporáneo.» ¡Conjeturar, pues, que el hombre de Neandertal «pertenecía a una especie infrahumana más primitiva y menos inteligente» es totalmente absurdo!
            ¡Otro problema que desconcierta a los evolucionistas es el hecho de que restos de hombres de tipo moderno se han encontrado en los mismos estratos geológicos que los supuestos hombres «prehistóricos», lo que demuestra que el hombre existió en la misma época que aquellos simios erectos y que el hombre de Neandertal! En 1947, en Fonte Chevade, Francia, fueron hallados otros restos de hombres de tipo moderno en capas inferiores y más antiguas que los de sus «antepasados prehistóricos», que se presumía eran más primitivos. La enciclopedia «Collegiate» concluye: «El hombre de Fonte Chevade nos brinda pruebas de que el homo sapiens (hombre moderno) en realidad precedió al hombre de Neandertal en orden de aparición».
            De modo que los evolucionistas tienen que admitir que el «homo sapiens» --los seres humanos normales de tipo moderno-- rondaban por la tierra al mismo tiempo que los presuntos pitecántropos, y antes que los hombres de Neandertal, ¡de quienes imaginariamente evolucionamos! ¡Ja! Dicho de otro modo, el hombre no desciende del mono, ¡sino que ambos coexistieron simultáneamente como especies distintas claramente definidas! ¡El hombre es el mismo hoy en día que en ese entonces, y aquellos monos serían también iguales, de no haberse extinguido!
            ¡Hace falta más fe para creer en la evolución --ese cuento ficticio increíble, inverosímil, confuso y plagado de contradicciones sobre los orígenes del hombre-- que para aceptar la explicación sencilla e inspirada que nos brinda Dios en Su Palabra! ¿Y tú? ¿En qué crees? ¿En la Verdad de Dios, o en ridículas fábulas evolucionistas?
            ¡Hoy en día la mayoría de las personas no saben en qué creer! No tienen ni idea de hacia dónde se dirigen. ¡Muchos no tienen perspectiva alguna de la realidad, desconocen el sentido de la vida, no saben quiénes son, o si el hecho de que estén vivos tiene objeto o valor alguno! Dado que la diabólica teoría de la evolución ha socavado en sus corazones y conciencias el único fundamento seguro de Verdad, han quedado desprovistos de toda base en qué afirmar sus vidas.
            Si quieres la Verdad pura y simple de Dios, basta con que te humilles como un niño y pidas a Jesús que te abra los ojos y entre a formar parte de tu vida. Por eso dijo Jesús: «Si no os volvéis y os hacéis como niños, ¡no entraréis en el Reino de los Cielos!» (Mateo 18:3)
            ¡Dios es el único capaz de dar sentido al universo, propósito a los planetas, amor a nuestro corazón, paz a nuestros pensamientos, reposo a nuestro espíritu, felicidad a nuestra vida, alegría a nuestra alma y sabiduría para comprender que «el temor de Dios es el principio de la sabiduría» (Proverbios 9:10), y que «la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios»! (1Corintios 3:19) Jesús dijo: «¡Si permaneciereis en Mis Palabras, conoceréis la Verdad, y la Verdad os hará libres!» (Juan 8:32), ¡libres del pecado, de nuestro ego, de la hipocresía y de las condenadas mentiras --como el evolucionismo-- que embaucan y engañan a tantos!

¡POR QUÉ ES LA EVOLUCIÓN UNA MENTIRA INCREÍBLE!

            (1) La palabra «ciencia» quiere decir textualmente «saber»; de donde el evolucionismo no es una verdadera ciencia, ¡puesto que no se puede demostrar ni «saber»! Margaret Mead, la afamada evolucionista, dijo en la introducción de su libro: «Como científicos serios, hemos de confesar que no existe ni el menor indicio de prueba concreta que sustente la teoría de la evolución».
            (2) El evolucionismo no es más que una serie de creencias filosóficas que hay que aceptar por fe. ¡Al pretender dar una explicación al origen del universo y del mundo, y a la génesis y naturaleza del hombre, la teoría de la evolución es simple y llanamente una religión!
            (3) ¡El evolucionismo es antidiós! Hitler se valió de él como pretexto para promover el nazismo, y Carlos Marx llegó a declarar: «¡El evolucionismo es la piedra angular del comunismo!» Si, como dice la Biblia, «Por sus frutos los conoceréis» (Mateo 7:20), ¡los «frutos» del evolucionismo son régimenes despiadados, guerra y muerte!
            (4) Dios creó las muchas formas de vida animal y vegetal encuadradas en «especies» determinadas y bien definidas, y como lo ha demostrado una y otra vez la ciencia --contrariamente a la doctrina evolucionista--, ¡les es imposible pasar de una especie a otra!
            (5) El evolucionismo afirma que las mutaciones casuales constituyen «el componente básico de las transformaciones evolucionistas». Sin embargo, a pesar de haber llevado a cabo millones de pruebas, ¡los evolucionistas no han logrado alterar favorablemente ni una sola mosca de la fruta!
            (6) ¡Jamás se ha hallado un solo «eslabón perdido» entre el hombre y el mono!
            (7) El evolucionismo sostiene que toda la Creación evoluciona permanentemente hacia formas más complejas. Esta suposición, sin embargo, está en franca oposición a una ley de la física que ha sido demostrada y aceptada universalmente, la segunda ley de la termodinámica, que dice: «Todo proceso (que no esté sometido a ninguna influencia exterior) tiende hacia un estado de mayor desorden, desorganización y desarreglo, y de menor complejidad».
            (8) Si no crees que el relato de la Creación del libro del Génesis es históricamente exacto y una autoridad de inspiración divina, tampoco puedes confiar entonces en los autores del Antiguo y Nuevo Testamento --que con frecuencia se referían a él--, ¡ni siquiera en el mismo Jesús, que citó dicho relato en Mateo 19:4-5! (Véase asimismo Lucas 16:31.) ¡Pero lo cierto es que la Biblia dice la verdad, es la Palabra infalible de Dios, y eso es motivo de sobra para no creer la diabólica mentira de la evolución! ¿Amén?

domingo, 12 de junio de 2011

LAS PLAGAS DE EGIPTO

Introducción.
       A. Repasar la historia: Creación… Diluvio… Abraham … Egipto … Desierto …Conquista… Jueces… Reino Unido… Reino Dividido… Cautiverio… Retorno… 400 años entre los Testamentos.
       B. Este estudio tiene que ver con Egipto: Israel (75 personas) fueron a vivir en Egipto. Debido a su crecimiento numérico en el país, el rey temía que podrían llegar a ser amenaza política y los esclavizó. Moisés fue enviado por Dios para sacarles de Egipto.
       C. Ex. 5:1, Moisés dijo a Faraón: “Deja ir a mi pueblo”… Faraón replicó, “¿Quién es Jehová…?” Dios le mostró su gran poder (las plagas) para que le conociera.

I. Agua convertida en sangre, Ex. 7:14-25.
       A. Ex. 7:13, “El corazón de Faraón se endureció y no los escuchó…”
       B. Ex. 7:17-20, “En esto conocerás que yo soy Jehová:… golpearé con la vara … el agua que está en el río, y se convertirá en sangre”.
               1. Egipcios adoraban el Río Nilo. Dios convirtió su dios en sangre.
               2. De esta manera demostraba que era muy  superior a cualquier dios fabricado por los hombres.
       C. Ex. 7:22, “Y los hechiceros de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos”. No duplicaron sino falsificaron el milagro.
               1. 2 Tes. 2:9, “gran poder y señales y prodigios mentirosos”.
               2. ¿Por qué no convirtieron la sangre en agua en lugar de producir más sangre?
       D. Resultado: Ex. 7:22, “y el corazón de Faraón se endureció”. Por eso, hubo más plagas.

II. Ranas, Ex. 8:1-15
       A. Otra vez, v. 1, “Deja ir a mi pueblo para que me sirva”. Si no, habrá plaga de ranas.
       B. Ex. 8:2- 6… en tu casa, en la cámara donde duermes, y sobre tu cama, en tus hornos y en tus artesas… cubrieron la tierra de Egipto.
       C. Ex.8:7, “los hechiceros de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamientos”. Otra vez, falsificaron el milagro, pero nos preguntamos, ¿por qué no quitaron las ranas en lugar de producir más? ¿Por qué aumentar la plaga para que el pueblo sufriera aun más?
       D. Ex. 8:8, “Orad a Jehová para que quite las ranas…” ¿Por qué no insistió en que sus propios hechiceros o sus propios dioses lo hicieran? No podían hacerlo.
       E. Ex. 8:9, Moisés le dice, “Dígnate decirme cuando he de rogar por ti… para que las ranas sean quitadas de ti y de tus casas…”
               1. ¿Sabe lo que dijo? Usted, ¿qué habría dicho si hubiera ranas en la cocina, en la recámara? Creo que nosotros hubiéramos dicho, “DE UNA VEZ”.
               2. Pero increíblemente Faraón dijo, “Mañana”. ¡Quería dormir otra noche más con ranas en su cama? Otro día más con ranas en su comida.
               3. Y fue así. Clamaron a Dios y murieron las ranas.
       F. ¿Y Faraón dijo “Ahora sí, pueden salir”? No. Por el contrario. 8:15, “viendo Faraón que le habían dado reposo, endureció su corazón y no los escuchó…”

III. Piojos, Ex. 8:16-19.
       A. Ex. 8:17, “Extiende tu vara y golpea el polvo de la tierra, el cual se volvió piojos, así en los hombres como en las bestias, todo el polvo de la tierra se volvió piojos en todo el país de Egipto”.
       B. Ex. 8:18, Los hechiceros no podían duplicar esta plaga. No podían producir piojos. Esto demuestra que no tenían poder verdadero, sino puro engaño. Además, 8:19, ellos admitieron que “Dedo de Dios es éste”.
       C. Ex. 8:19, Pero el corazón de Faraón se endureció y no los escuchó.
       D. Dos detalles interesantes: Esta vez no había advertencia como antes, y no explicó ni cuándo ni cómo esta plaga terminó.

IV. Moscas, Ex. 8.20-32.
       A. Ex. 8:20, “toda clase de moscas”; v. 24, “moscas molestísimas”.  LBLA, “enjambres de insectos”.
               1.  No eran moscas caseras como las que conocemos porque el texto dice que “la tierra fue corrompida a causa de ellas”.
               2. LBLA dice, “devastada”; es decir, no sólo picaban a los hombres sino que también destruían la vegetación.
       B. Ex. 8:22, No afectaron al pueblo de Israel. V. 23 “yo pondré redención entre mi pueblo y el tuyo”.
               1. De esta manera el pueblo de Israel podía aprender no solamente del gran poder de Dios, sino también que El bendice a su pueblo y castiga a los desobedientes.
               2. Este fenómeno fue muy significativo, pues demostró que Jehová no era “otro dios de los egipcios”, sino que el Dios del pueblo de Israel solamente. Faraón podía “conocer” a Dios. Podía ver claramente que Jehová era el verdadero Dios vivo.
       C. Ex. 8:25, “Faraón llamó a Moisés y a Aarón, y les dijo: Andad, ofreced sacrificio a vuestro Dios en la tierra”.
               1. Ahora hace una concesión. Les da permiso de adorar a Dios.
               2. Pero pone una restricción: que lo hagan en la tierra de Egipto. No quería aceptar el mandamiento tal y como era. Quería cambiarlo, modificarlo. Quería ponerle restricción. Quería “obedecer” solamente una parte de lo que Dios requería.
               3. Muchos hacen lo mismo. Creen que sí quieren obedecer a Dios pero a su modo. Muchos practican la “obediencia parcial” que es simplemente desobediencia.
               4. Muchos proponen substitutos. Sustituyen los requisitos de Dios con sus propias ideas y preferencias.
       D. Desde luego, Moisés no aceptó este arreglo (v. 26). En primer lugar, Dios dijo que fueran “tres días por el desierto” para hacer los sacrificios.
               1. Además, le dijo, “si sacrificáramos la abominación de los egipcios delante de ellos, ¿no nos apedrearían?” Porque el sistema de sacrificar de los egipcios era totalmente diferente y hubieran apedreado a los israelitas por su modo de sacrificar.
               2. Recuerde Gén. 46:34, “para los egipcios es abominación todo pastor de ovejas”. Tenían conceptos muy curiosos. Abominaban algunos animales y adoraban a otros.
               3. Uno de los sacrificios del pueblo de Israel era la vaca y es cierto que los egipcios ofrecían el buey pero éste tenía que ser perfectamente blanco, sin un solo pelo negro en su cuerpo. Desde luego, los israelitas hubieran ofrecido animales que para los egipcios hubieran sido inmundos.
       E. 8:28, Faraón pone otra restricción: “Yo os dejaré ir… con tal que…Observe esa expresión (“con tal que…”). Es la actitud de millones.
               1. Están dispuestos a “servir” a Dios “con tal que…” y luego ponen restricciones, limitaciones a lo que quieren hacer en la obediencia. Hacen cambios, concesiones, alternativas y una infinidad de pretextos para no hacer precisamente lo que Dios manda.
               2. Satanás dice, “Está bien que sea cristiano, con tal que no sea fanático, pensando que tiene que asistir a todos los servicios, o que debería llegar a tiempo”.
               3. “Está bien ser cristiano, con tal que no sea extremista”.
       F. “Con tal que no vayáis muy lejos”.
               1. Satanás aprueba y promueve la “religión fronteriza”, que no nos alejemos mucho del mundo y sus prácticas. “¿Qué hay de malo en tomar una cerveza... en bailar… en el juego de azar…?” Tener un pie en la iglesia y el otro en el mundo.
               2. ¡Quédense cerca del mundo! ¡Sean como las demás iglesias! No sean diferentes. Sean conformistas. ¿Por qué? Para que vuelvan al mundo.
       G. Por eso, Cristo requiere que uno “queme sus puentes”. No decir, “Te seguiré pero primero… familia… trabajo…” 2 Cor. 6:17, “apartaos… salid… no tocar lo inmundo”.
       H. Entonces Moisés puso un “con tal que”. V. 29. “Rogaré a Jehová que las moscas se vayan… con tal que Faraón no falte más”. Sin embargo, cuando Dios quitó las moscas, “endureció aun esta vez su corazón” (v. 32).

V. La Morriña del Ganado. Ex. 9:1-7.
       A. V. 3, “he aquí la mano de Jehová traerá una gravísima plaga sobre tu ganado que está en el campo: caballos, asnos, camellos, vacas y ovejas”.
               1. Fue golpe duro porque murieron los animales que eran gran parte de su riqueza.
               2. Pero fue golpe doble, porque Dios destruyó objetos de su adoración: el buey, la vaca y el carnero.
       B. Otra vez Israel fue protegido. V. 4, “Jehová hará distinción entre el ganado de Israel y el de Egipto, de modo que no muera nada de todo lo que pertenece a los hijos de Israel”.
               1. Y así fue. V. 6.
               2. V. 7, El faraón envió observadores, y he aquí que del ganado de los hijos de Israel no había muerto ni un solo animal”.
               3. “Pero el corazón del faraón se endureció, y no dejó ir al pueblo”.

VI. La Plaga de Úlceras. Ex. 9:8-12.
       A. 9:10, Tomaron ceniza del horno… la esparció hacia el cielo; y hubo sarpullido que produjo erupciones ulcerosas.
       B. 9:11, Los hechiceros no podían hacer nada porque ellos mismos eran víctimas de esta plaga.
       C. Antes de esta plaga, como en la plaga de piojos, no había advertencia.
       D. 9:12, “Pero Jehová endureció el corazón de Faraón, y no los oyó, como Jehová lo había dicho a Moisés.” 4:21; 7:3, 13.
               1. ¿Cómo lo hizo? ¿Fue FORZADO por Dios a ser rebelde? ¿Tenía o no tenía libre albedrío? Sí, tenía libre albedrío. Dios endureció su corazón solamente en el sentido de que le dio un mandamiento que no le gustaba.
               2. Se puede decir que Dios endurece el corazón de todo el mundo que se rebela contra sus mandamientos. El mismo sol suaviza mantequilla y endurece barro.
               2. Recuerde que Faraón mismo endureció su corazón, 7:22, cuando los hechiceros falsificaron la plaga de convertir agua en sangre; vea también  8:15, “viendo Faraón que le habían dado reposo (de las ranas) endureció su corazón y no los escuchó, como Jehová lo había dicho”; 8:32, cuando Dios quitó las moscas, “Faraón endureció aun esta vez su corazón, y no dejó ir al pueblo”; 9:34 cuando vieron que se acabó el granizo “endurecieron su corazón él y sus siervos”.
      
VII. La Plaga de Granizo, Ex. 9:13-35.
       A. 9:16, “te he puesto para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra”. Sin lugar a dudas, los egipcios y los de otras naciones se dieron cuenta del gran poder de Dios por causa de estas plagas.
       B. 9:19, les dio oportunidad de escapar esta terrible plaga de granizo.
       C. 9:20, aun los siervos de Faraón aprovecharon esta advertencia.
       D. 9:23, 24, la ferocidad del trueno, granizo y fuego… mató a los hombres y también las bestias, destrozó toda la hierba y todos los árboles.
       E. Se humilló Faraón. “Yo he pecado… Orad a Jehová para que cesen los truenos de Dios y el granizo, y yo os dejaré ir,” pero tan pronto cesaron el trueno y granizo, endureció su corazón otra vez.

VIII. La Plaga de Langostas. Ex. 10:1-20.
       A. 10:4, 5, vendrá plaga de langostas que van a cubrir la faz de la tierra, comiendo lo que el granizo no destruyó.
       B. 10:7, aun los siervos del rey estaban convencidos de que deberían dejar ir al pueblo. “¿Acaso no sabes todavía que Egipto está ya destruido?”
       C. 10:8, Faraón pregunta,  “¿Quiénes son los que han de ir?” Moisés dice, “todos”.
               1. El rey dice “solamente los varones”. Dejar la familia en Egipto. Como rehenes, como garantía de que volvieran los varones.
               2. Así engaña Satanás a muchos: “No debe forzar a sus hijos a asistir a la iglesia”; “dejen que los hijos disfruten el mundo. Así son los jóvenes. Déjenles salir con sus amigos”. Josué 24:15, “yo y mi casa serviremos a Dios”.
               2. Otra restricción de lo que Dios mandó. Quería modificar el mandamiento, cambiarlo para su conveniencia. Pide otra concesión.
       D. 10:15, La respuesta de Dios: la plaga de langostas.
       E. 10:16-20, la historia se repite: Bajo presión Faraón dice, “He pecado… perdonéis mi pecado… quitó la langosta… endureció el corazón”.

IX. La Plaga de Tinieblas. Ex. 10:21
       A. 10:21, “Extiende tu mano hacia el cielo, para que hay a tinieblas sobre la tierra de Egipto, tanto que cualquiera las palpe”.
       B. 10:23, no podían ver el uno al otro, ni nadie se levantó de su lugar en tres días.
       C. 10:23, pero “todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones”.
       D. 10:24, pone otra restricción al mandamiento: vayan pero queden vuestras ovejas y vacas; es decir, sirvan a Dios pero dejen conmigo su billetera ($).
               1. Mat. 6:34, “no podéis servir a dos maestros”.
               2. Al bautizarse uno debe ser bautizado con todo y dinero.
       E. 10:25, “Tú también nos darás sacrificios y holocaustos que sacrifiquemos para Jehová… 26. Nuestros ganados irán también con nosotros; no quedará ni una pezuña”. Es la única actitud aceptable ante los ojos de Dios. “Todo a Cristo y o me rindo” – tiempo, talento, energía, recursos, TODO.
       F. 10:28, “le dijo Faraón: Retírate de mí, guárdate que no veas más mi rostro… 29 Y Moisés respondió: Bien has dicho; no veré más tu rostro”.

X. La Muerte de los Primogénitos. Ex. 11, 12.
       A. 11:4-6; 12:29, 30
       B. 12:22, 23. Instrucción muy importante para el pueblo de Israel para escapar de esta plaga.
               1. ¿Qué habría pasado si hubieran sido desobedientes?
               2. Noé y familia tuvieron que estar en el arca… Lot y su familia tuvieron que salir de Sodoma… Rahab y familia tuvieron que quedarse dentro de la casa… Tenemos que estar en la iglesia. Es indispensable respetar las órdenes de Dios.
       C. Institución de la Pascua (Jehová pasó de largo, pasar por encima de la puerta de la casa de Israel con tal que fuera pintada con sangre).
               1. El 14 del mes de Nisán. Comer el cordero con pan sin levadura y hierbas amargas.
               2. Todo varón de cualquier país debería ir a Jerusalén para celebrar la Pascua.

Conclusión.
       A. Éxodo 12:29-33. Por último, Faraón SE RINDE INCONDICIONALMENTE.
Ya no pone condiciones. No pone restricciones. No sustituye el mandamiento.
       B. Todos los que se han opuesto a los mandamientos de Dios deben imitarlo.

jueves, 9 de junio de 2011

¡EL DÍA QUE SE DETUVO EL SOL! (Josué 10)

            Haberse dejado engañar por los gabaonitas con su pan mohoso y sus disfraces harapientos fue algo peor que un error: condujo a los israelitas a problemas sumamente serios. En primer lugar, fueron engatusados al punto de acordar un tratado de paz con los gabaonitas. Pero eso no fue todo.
            Cuando Adonisedec, que era uno de los reyes de los amorreos que habitaban en Canaán, se enteró de que Josué había conquistado y destruido Jericó y Hai, y que se había celebrado un pacto entre Israel y los gabaonitas, se alarmó en gran manera.
             Su pueblo temía además a Gabaón pues era una ciudad muy importante, semejante a las ciudades reales de los amorreos. Los hombres de Gabaón eran afamados guerreros, y cuando el rey Adonisedec supo que se habían aliado con Israel envió mensajes urgentes a los demás reyes amorreos, poniéndolos al tanto del desastroso curso de los acontecimientos.
            "Acudan a ayudarme, y atacaremos a Gabaón", decía su mensaje, "pues han hecho la paz con Josué y los israelitas." Como consecuencia, los cinco reyes de los amorreos unieron sus fuerzas para realizar un ataque conjunto sobre Gabaón.
             De inmediato Josué recibió un aviso de los gabaonitas por el que se le daba cuenta del ataque, diciendo: "Por favor, no abandones a tus siervos. ¡Ven pronto a ayudarnos, y sálvanos!"
             Era bastante irónico que Josué tuviera que acudir en ayuda de una gente que lo había engañado, pero sabía que Israel no podía cederle ni un palmo de terreno a los impíos reyes de Canaán, a los que debía expulsar de aquellas tierras, según mandamiento de Dios.
            Sin embargo, antes de lanzarse a la acción, Josué buscó la importantísima voz confirmatoria del Señor. Con los gabaonitas había aprendido una valiosa lección, y es- taba decidido a escuchar a Dios.
            Y el Señor le respondió, y le dijo: "No tengas temor de ellos; porque Yo los he entregado en tu mano y ninguno de ellos prevalecerá delante de ti." ¡Gloria a Dios! El Señor había respondido, y estaría junto a ellos. Eso era todo lo que Josué necesitaba para llenarse de valor.
            ¡Una vez que tuvo el visto bueno de Dios, Josué demostró que era un verdadero hombre de acción! Convocó de inmediato a sus mejores hombres, que acompañados de sus tropas se lanzaron a una marcha que tardaría toda la noche hasta llegar a Gabeón al amanecer, tomando al enemigo completamente por sorpresa.
          Dice la Biblia de la batalla que siguió: "El Señor los lleno de confusión delante de Israel, y mientras iban huyendo de los israelitas, el Señor arrojó desde el cielo grandes piedras sobre ellos, ¡y fueron más los que murieron por las piedras del granizo, que por la espada de los hijos de Israel!"
           Una vez que Josué y sus hombres habían . hecho todo lo que estaba a su alcance, el Señor intervino por medios sobrenaturales para ayudarles. Sin embargo, los cinco reyes, con algunos de sus hombres, lograron huir de la batalla. De todos modos, Josué recordaba que Dios le había prometido en Gilgal que tendrían una victoria total, y que ninguno prevalecería delante de ellos.
          Se daba cuenta también de que aquella era una batalla decisiva que doblegaría el poder de los corruptos cananeos y que les dejaría abierta una importante salida al mar. ¡El enemigo debía ser anulado de manera definitiva!
          Sin embargo, se presentaba un problema muy evidente: transcurrían las horas y se alargaban las sombras. Pronto el sol se ocultaría tras las montañas, dándoles a sus enemigos la oportunidad de escabullirse en las sombras y tal vez de reagruparse, e incluso de obtener refuerzos.
          De repente Josué alzó la voz delante de todos sus hombres y exclamó en un impresionante estallido de fe: "¡Sol, detente en Gabaón; y tú, luna, en el valle de Ajalón!"
          ¡Y he aquí que Josué y sus hombres siguieron luchando y persiguieron implacablemente a sus enemigos, durante mucho tiempo, y el sol mantuvo inalterable su posición en medio del cielo, sobre el campo de batalla! Y se detuvo, dice, "hasta que Israel se hubo vengado de sus enemigos."
          ¡Milagro de milagros! ¡El sol se detuvo en medio del cielo y retrasó su caída "casi un día entero"! Sigue la Biblia diciendo: "No hubo día como aquel, ni antes ni después, porque el Señor peleaba por Israel".
          ¡El Señor mismo había intervenido, de la manera más maravillosa posible, para que los ejércitos de Israel dispusieran del tiempo necesario para someter por completo a sus enemigos!
          Luego de aquella gran victoria siguieron otras, en las que Josué derrotó a sus enemigos. Dice: "Todos estos reyes y sus tierras los tomó Josué en una sola acción, porque el Señor, Dios de Israel, peleaba por Israel" (Josué 10:42).
          ¡Pues bien, el Dios de aquellos tiempos es el mismo Dios que tenemos hoy en día! Y cuando se presenten situaciones de apremiante necesidad o de desesperada urgencia, no dudará en luchar por Sus hijos de la manera que haga falta. "¡Al que cree todo le es posible!" (Marcos 9:23)
          Toda estructura, ya sea de una edificación, de un ejército o de un movimiento, descansa en dos pilares fundamentales: La voluntad de Dios y la voluntad del hombre. En tanto esos dos pilares estén alineados y coordinados uno con otro, la base será firme.
           ¡Con la oración se ejerce poder! ¡Si pertenecemos a Jesús y le obedecemos, cuando estemos fuertes en espíritu Dios hará cualquier cosa por nosotros! ¡Nos hacemos uno con El, y cuando eso sucede, podemos ordenarle a Dios que haga lo que sea! "Acerca de la obra de Mis manos, el Señor dice: ¡mandadme!" (Isaías 45:11)

La ciencia desconcertada por un día FALTANTE

           ¿Sabías que los programas de vuelos espaciales han demostrado la veracidad de muchos mitos de la Biblia? Harold Hill, presidente de la compañía de motores Curtis de Baltimore (EE.UU.) y consejero de proyectos espaciales, contó la siguiente anécdota:
           «Hace poco les aconteció algo impresionante a los astronautas y científicos espaciales de Green Belt, en Maryland. Estaban calculando cuál sería la posición del Sol, de la Luna y de los planetas dentro de 100 y de 1000 años. Es un dato imprescindible si se va a enviar un satélite al espacio, para evitar que más adelante se estrelle contra otros cuerpos. Se debe trazar la órbita del satélite teniendo en cuenta su vida activa. Así pues, con la ayuda de un computador hicieron cálculos que abarcaban bastantes siglos, y de súbito la máquina se detuvo. Una señal roja indicaba que había un error en los datos introducidos, o bien una disparidad entre los resultados obtenidos y ciertos parámetros. El departamento de servicios llevó a cabo una revisión y no halló error por ningún lado. Sin embargo, el computador señalaba que faltaba un día en el cómputo del tiempo transcurrido en el espacio. No hallaban la manera de resolver el enigma.
          »Un integrante del equipo que tiene profundas creencias religiosas recordó que la Biblia menciona una ocasión, en la época del Antiguo Testamento, en que el Sol se detuvo durante casi un día entero. Consultaron una biblia, y en el libro de Josué encontraron unas frases absurdas para cualquiera con un mínimo de sentido común. Sin embargo, allí estaban, en Josué 10:13. El caso es que le dieron la orden al computador de hacer un cálculo regresivo hasta la época de Josué y agregar el tiempo que, según las Escrituras, el Sol había permanecido inmóvil. El resultado que se obtuvo estaba bastante acertado, pero no del todo. El tiempo faltante desde la época de Josué era de 23 horas y 20 minutos, no un día completo. (La Biblia dice: "Casi un día entero".)
          »Cada palabrita de la Biblia tiene importancia. Los científicos seguían confusos. Si uno no logra explicar un desfase de 40 minutos, se va a topar con problemas dentro de 1.000 años. Había que hallar esos 40 minutos porque en las órbitas de los planetas se pueden multiplicar. La misma persona que había sacado a colación las Escrituras recordó entonces otro pasaje en el que se cuenta que cierta vez el Sol retrocedió. Los técnicos espaciales le dijeron que debía de estar loco, pero no tuvieron más remedio que echar mano de la Biblia y leer 2 Reyes 20. En ese pasaje Isaías, como señal de que se cumpliría una profecía que le había dado a Ezequías, le pidió al Señor que hiciera retroceder el Sol diez grados. Diez grados equivalen exactamente a 40 minutos. Las 23 horas y 20 minutos de Josué, más los 40 minutos de 2 Reyes, completan 24 horas, que los viajeros espaciales tendrían que registrar en sus cuadernos de bitácora como el día faltante en el universo.» Una vez más, ¡Dios demuestra la veracidad de Su verdad divina, tal como fue revelada en la Biblia, la Palabra de Dios!
                (Tomado de la revista Lakeview Messenger)

           ¡Quien confía en el Señor no será confundido jamás! (V. Salmo 31:1.)