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miércoles, 19 de enero de 2011

LIBRO: PARA ENTENDER LA PALABRA DE DIOS


La singularidad de la Biblia
¿Qué beneficios te reporta a ti?
Tesoros nuevos y antiguos
Cómo sacar el máximo de provecho a lo que se lee
Consejos prácticos
Obstáculos que nos impiden absorber la Palabra
Vivir la Palabra
¡Divulga la Palabra!
APÉNDICE
¿Qué es la Biblia?
Sinopsis de los libros de la Biblia
Muestrario de preciosas promesas
Las parábolas de Jesús
Profecías bíblicas cumplidas


La singularidad de la Biblia

¿Por qué tomarse la molestia de leer un libro escrito hace miles de años cuando las librerías, los kioskos de revistas y la Internet están repletos de las publicaciones más recientes sobre cuanto tema quepa imaginar? Podríamos enumerar muchos motivos, pero a continuación damos cuenta de los que consideramos los diez más importantes:

1. Se trata del libro más vendedor de todos los tiempos. Ningún otro libro se ha leído más, vendido más ni traducido a más idiomas. Aun en esta época de gran proliferación de obras literarias, cada año se venden 50 millones de ejemplares de la Biblia, más que ninguno otro libro en el mundo. 1

2. Su autenticidad está fuera de toda duda. Los manuscritos que demuestran la autenticidad de la Biblia superan con creces los que han podido obtenerse de cualquier selección que se haga de diez grandes obras de la literatura clásica antigua.

1The Almanac of the Christian World, Wheaton, Illinois: Tyndale House Publishers, 1990.

3. Destaca por su continuidad. La redacción de los 66 libros que componen los Sagrados Textos se efectuó a lo largo de 1500 años y estuvo a cargo de más de 40 autores de todos los estratos sociales, entre ellos reyes, campesinos, filósofos, pescadores, pastores, soldados, poetas, estadistas y eruditos. Pese a ello y a que el libro en su conjunto abarca una amplia variedad de temas, de principio a fin sus autores se expresan con armonía y continuidad mientras desarrollan un mismo argumento: el amor de Dios por el hombre.

4. La ciencia avala sus actas de la Historia. El Dr. Nelson Glueck, renombrado arqueólogo, declara: «La increíble precisión de la memoria histórica de la Biblia ha sido corroborada innumerables veces por los descubrimientos arqueológicos. Hasta el momento ningún hallazgo ha contradicho una sola referencia bíblica.»

5. Ha pervivido. Más que ningún otro libro, la Biblia ha sobrevivido a los embates de sus enemigos. Desde las persecuciones romanas hasta el presente, las diversas tentativas de acabar con ella y poner al margen de la ley la práctica de sus enseñanzas no han conseguido otra cosa que intensificar su difusión. La Biblia se ha traducido en su totalidad a 366 idiomas, y porciones de la misma a otros 1846.1

6. Contiene algo para cada persona. La Biblia es el libro más fascinante que existe. En ella encontrarás buenas dosis de drama, amor romántico, poesía, profecía, historia, misterio, intriga, ética, sabiduría... en suma, prácticamente todo. Si te gusta la belleza poética, lee el libro de los Salmos. Si prefieres la oratoria elocuente, lee a los profetas. Si tienes predilección por los argumentos filosóficos, disfrutarás mucho del libro de Job. El Cantar de los Cantares es apasionado idilio. ¿Te atrae la fantasía científica? Las mejores obras del género palidecen comparadas con la descripción del futuro que hace el Señor en el libro del Apocalipsis. Si te inclinas por los acontecimientos milagrosos, lee a los Reyes. Si necesitas consejos sobre relaciones humanas y una guía moral, estudia los Evangelios. La Biblia es más emocionante y cautivadora que toda elucubración literaria del hombre, simple y llanamente porque su contenido es verdad.

11998 Scripture Language Report. Sociedades Bíblicas Unidas.

7. Revela el futuro. La Biblia no constituye solamente un libro de historia. Es también un libro de noticias. Además de referirnos el pasado, nos habla del día de hoy y del mañana. Contiene cientos de profecías cumplidas que vaticinaron acertadamente el futuro de naciones, pueblos y ciudades y la venida del Mesías, así como muchas otras que todavía han de hacerse realidad y que revelan lo que Dios te tiene reservado, desde ahora y por la eternidad.

8. Ofrece la respuesta a los interrogantes más trascendentales de la vida. Sus páginas nos revelan nuestros orígenes, el motivo de nuestra existencia en este mundo, y nos indica cómo amar, ser felices, vivir eternamente y mucho más.

9. ¡Es una obra viva! Pese a que se escribió hace miles de años, la Biblia tiene la característica exclusiva de hablarnos directamente al corazón, día a día, año tras año y con relación a cada problema o dificultad que afrontemos.

10. Por medio de sus palabras, puedes llegar a conocer a su Autor. Lo mejor de todo es que la Biblia te lleva a tener una relación amorosa, apasionante y personal con su Autor: el Dios del amor, el Creador del universo. «A Dios nadie le vio jamás»1, pero podemos conocerlo por medio de Sus Palabras.

Vive las apasionantes experiencias que provienen de una relación personal y vibrante con Dios, el cual te amó de tal manera que envió a Su Hijo al mundo a morir por ti; y con un Salvador que te amó tanto que pagó gustoso el precio supremo para que pudieras vivir por siempre con Él en el Cielo.

Si aún no has aceptado a Jesucristo, puedes hacerlo ahora mismo. Así iniciarás una amorosa y fascinante relación con Dios a través de Su Hijo Jesús, la cual se afianzará y madurará a medida que leas Su Palabra y te comuniques con Él por medio de la oración:

Jesús, creo de corazón que eres el Hijo de Dios y que moriste por mí. Haz que Tu amor me purifique de todos mis errores y malas acciones. Te abro la puerta de mi corazón y te ruego que entres en mi vida y me concedas el don de la vida eterna. Amén.

1Juan 1:18.


Las profecías cumplidas de la Biblia acreditan su inspiración divina
Jesús dijo: «Os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda creáis».1 «Inquirid en el libro del Señor, y leed si faltó alguno de ellos; ninguno faltó con su compañera; porque Su boca mandó».2
La compañera de cada profecía es su cumplimiento. Innumerables profecías pronunciadas en la Biblia ¾en algunos casos con cientos e incluso miles de años de antelación¾ se han cumplido hasta en sus más ínfimos detalles. Ello nos da pie a creer que las restantes se cumplirán con igual precisión.3 Lo que Dios ha dispuesto y profetizado, lo cumplirá. El Señor se encargará de que cada profecía se haga realidad.
Dios quiere que Sus hijos estemos al corriente de los sucesos venideros. Nos ama y no pretende que tengamos miedo ni nos asustemos de lo porvenir. Desea que nos preparemos para hacer frente al futuro, que estemos serenos y llenos de fe y que seamos reconfortados por Su Palabra. No debemos vivir en la ignorancia ni en tinieblas: somos hijos de la luz y esos acontecimientos no nos sobrevendrán como ladrón en la noche, de forma sorpresiva, inesperada.4 Nos habremos preparado mental y espiritualmente. En consecuencia, cuando tengan lugar esos hechos estaremos en condiciones de reconocerlos. Así, sabremos qué esperar y nos prepararemos para ello lo mejor que podamos. Conocer a Jesús y Su Palabra nos ayudará a salir adelante.
Además, es fascinante estudiar las profecías cumplidas: nos infunde fe en que otras predicciones del futuro se cumplirán con la misma exactitud y certeza.
David Brandt Berg (D.D.B. 1919-1994)

1 Juan 14:29
2 Isaías 34:16
3 En las últimas páginas del libro, bajo el título Profecías cumplidas de la Biblia, encontrarás una relación de las predicciones bíblicas más destacadas que se han hecho realidad en la Historia.
4 Véase 1 Tesalonicenses 2–8.


¿Qué beneficios te reporta a ti?

¿Qué beneficios te aportará la lectura de la Palabra de Dios? ¡Un sinfín!

Es alimento para crecer y fortalecerse espiritualmente. Así como el cuerpo necesita nutrirse para sobrevivir y desarrollarse vigorosamente, el espíritu precisa alimentarse de la Palabra de Dios. Esta pequeña analogía aparece repetidas veces tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento:
Cuando Jesús dijo: «Escrito está: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”», citaba a Moisés en el libro del Deuteronomio.1
En su momento de angustia, Job declaró: «Aprecié las palabras de Su boca más que mi comida».2

1 Mateo 4:4; Deuteronomio 8:3.
2 Job 23:12 Nueva Biblia Internacional (NBI).

En el Salmo 119 ¾por cierto, el capítulo más largo de la Biblia, que versa sobre la importancia de la Palabra de Dios¾ David dice al Señor: «¡Cuán dulce son a mi paladar Tus palabras! Más que la miel a mi boca».1
El profeta Jeremías dijo: «Fueron halladas Tus Palabras, y yo las comí; y tu Palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón».2
El apóstol Pedro, en una carta a los nuevos conversos, les advirtió: «Desead como niños recién nacidos la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis».3

Proporciona una relación más profunda con Jesús y con Dios. Al aceptar a Jesús en tu corazón diste inicio a una hermosa relación personal con Él. Él quiere ser tu mejor Amigo, Consejero, Maestro, Guía y mucho más. La vía para conocerlo mejor es Su Palabra. Los Evangelios ¾más que ningún otro libro¾ revelan Su esencia, Su personalidad, Su autoridad y Su amor.
Dios quiere que tu relación con Él sea recíproca, bilateral. Leyendo Su Palabra no solo descubres lo que Dios te tiene reservado, sino también lo que espera de ti.
Considera Sus Palabras como cartas de amor remitidas por un Ser Superior que te conoce y se preocupa por ti más que nadie. Se ha dicho que en la Creación de Dios distinguimos Su mano, y en Su Palabra percibimos Su corazón».

Comunica verdad y da libertad. Hoy en día, por donde sea que uno mire, alguien anda haciendo marketing de la verdad por medio de algún libro, programa o producto nuevos. ¿A quién se debe creer y cuánto va a costar?

1 Salmo 119:103.
2 Jeremías 15:16.
3 1ª Pedro 2:2.

En realidad lo legítimo y lo auténtico lo tiene Jesús. Él promete: «Si vosotros permaneciereis en Mi Palabra, seréis verdaderamente Mis discípulos. Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».1
Ten la certeza de que todo lo que leas en la Biblia es la verdad. La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Si te familiarizas con sus preceptos, tendrás una vara con la cual medir todas las cosas. El Espíritu de Dios manifestado en Su Palabra te ayudará a discernir qué es verdadero y qué es falso.

Infunde fe. La fe no es una facultad que se pueda adquirir con esfuerzo. Se adquiere al oír o leer la Palabra de Dios.2 Se tiene fe porque se está empapado de la Palabra de Dios. Si estás flojo en la fe es porque has desatendido la Palabra. En cambio, cuanto más la lees y estudias con actitud abierta, más crece automáticamente tu fe. Es así de sencillo y de cierto.

Brinda felicidad. La auténtica felicidad proviene de emular el ejemplo de amor de Jesús y es la Palabra la que nos señala cómo. Jesús dijo: «Si guardareis Mis mandamientos, permaneceréis en Mi amor; así como Yo he guardado los mandamientos de Mi Padre y permanezco en Su amor. Estas cosas os he hablado, para que Mi gozo esté en vosotros, y vuestro sea cumplido».3

1 Juan 8:31–32.
2 Romanos 10:17.
3 Juan 15:10–11.

Da contentamiento y paz interior. Estudiando la Palabra de Dios llegas a comprender Sus preceptos de amor. Eso te da fe en que Él está al timón y vela por tu bienestar, cualesquiera las circunstancias. «Relaciónate, pues, con Él, y mora en paz; y te vendrá bien».1 No hay mayor sosiego que saber que «a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, a los que conforme a Su propósito son llamados».2 Cuando te agobien los desencantos, obstáculos y contrariedades, leer un rato la Palabra de Dios te ayudará a poner las cosas en su debida perspectiva.

Ofrece soluciones a los problemas y respuestas a los interrogantes. Cuando te preguntes por ciertas cosas, el Señor te facilitará las respuestas, y cuando tengas problemas, te dará las soluciones. Están todas en Su Palabra. Leyendo las Escrituras, o bien escuchando lo que Dios te hable al alma ¾la voz de Su Palabra¾, puedes hallar las respuestas a todos los interrogantes y las soluciones a todos los problemas que se te presenten. Cuando te veas ante un problema o decisión difícil, busca el remedio en una situación parecida que conste en la Palabra. Una vez que te familiarices con los principios espirituales, la sabiduría divina y los consejos prácticos contenidos en las Escrituras, verás que el Señor te ayuda a aplicarlos a las incógnitas y conflictos de la vida diaria. Su Palabra será una lámpara que alumbre tu camino.3

Revela la voluntad de Dios. Dios tiene un designio para tu vida. Él sabe lo que más te conviene y siempre elige lo óptimo para ti. Deja, pues, que guíe tus decisiones y a la larga todo saldrá bien. Parece sencillo, pero ¿cómo hacemos para averiguar lo que más se acomoda a nuestra situación particular desde la óptica divina? Es decir, ¿cómo se descubre Su voluntad?

1 Job 22:21, NBI (Otras versiones dicen reconcíliate).
2 Romanos 8:28.
3 Véase Salmo 119:105.

La Palabra es la voluntad de Dios revelada, cierta, absoluta y reconocida. Así pues, cuando te veas ante una decisión, toma en cuenta todo lo que ya ha dicho. Busca una situación similar en la Biblia y basa tu dictamen en ella; o si no fundaméntalo en los preceptos de la Palabra de Dios. Cuando Él te indique qué hacer basado en las palabras de Su propio Libro y sigas esas instrucciones, no habrá posibilidad de errar. También puedes pedirle que te hable directamente al corazón y te indique cuál es Su voluntad para ti en determinada situación.1
La Palabra de Dios tiene además la facultad de alterar la forma de ver los conflictos que enfrentes en la vida. Te transformará «por medio de la renovación de tu entendimiento, para que sepas cual es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta».2

Presenta modelos de conducta acordes con los principios divinos. La Biblia está repleta de relatos de hombres y mujeres comunes y corrientes cuya fe y amor a Dios los hizo grandes a los ojos de Él y los ayudó a salir adelante en medio de circunstancias sumamente adversas. Su ejemplo nos deja muchas enseñanzas y nos resulta muy estimulante. Las Divinas Letras contienen además innumerables testimonios del amor y desvelo de Dios por Sus hijos, de cómo nos protege y provee para todas nuestras necesidades. Por contrapartida, nos instruye sobre lo que no debemos hacer y sobre las consecuencias de infringir Sus principios espirituales. Todo ello tiene por fin edificar nuestra fe. «Estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros»;3 y «las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras tengamos esperanza».1

1 Si deseas aprender a escuchar directamente la voz de Dios, te recomendamos el librito Escucha Palabras del Cielo, de esta misma serie.
2 Romanos 12:2.
3 1Corintios 10:11.
1 Romanos 15:4.

Pone a tu disposición el poder y las promesas de Dios. En la Biblia se encuentran numerosas promesas que Dios ha hecho al hombre, las cuales quiere que apliquemos de forma práctica. Algunas son universales, por ejemplo: «Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo».1 Otras en un principio estuvieron destinadas a ciertas personas o grupos, entre ellas: «Si algo pidiereis en Mi nombre, Yo lo haré»,2 dirigida a Sus doce discípulos.
Sin embargo, Dios no hizo Sus promesas exclusivamente para sus primeros destinatarios. Están dirigidas a todo el que tenga fe en que Él las cumplirá, ¡empezando por ti! El Creador es muy preciso con Sus promesas y las cumplirá al pie de la letra si extiendes la mano de la fe y te apropias de ellas.
A medida que te vayas familiarizando con la Palabra de Dios, aprenderás a reconocer Sus promesas y reivindicarlas para ti. Al hacerlo demostrarás fe. Lo que complace a Dios y desata Su poder para responder nuestras oraciones es que manifestemos positivamente fe y demostremos que conocemos Su Palabra.
(En la página 67, bajo el subtítulo Muestrario de preciosas promesas, encontrarás más referencias sobre ofrecimientos y palabras de compromiso que nos hace Dios.)

1 Joel 2:32 y Romanos 10:13.
2 Juan 14:14.

Ayuda a manifestar más amor. Es difícil obedecer el mandamiento de amar al prójimo como a uno mismo1 cuando el prójimo o las personas con quienes más nos relacionamos son justamente aquellas con quienes más nos cuesta llevarnos bien, y no hablemos ya de amarlas. De dónde saca uno la gracia para pasar por alto los destemples de un jefe autoritario, de un compañero de trabajo envidioso, las fiestas bulliciosas del vecino o cosas peores. ¿Cómo hace uno en esas situaciones para desplegar el mismo amor que manifestaba Jesús? La Palabra de Dios es lo único que nos puede investir de esa fuerza. «Mucha paz tienen los que aman Tu ley, y no hay para ellos tropiezo»2, es decir, que nada los ofende. A medida que leas y estudies la Palabra de Dios, irás adquiriendo más y más de Su Espíritu y amor, los cuales te ayudarán a ser más comprensivo, sensible y tolerante.

1 Mateo 22:39.
2 Salmo 119:165.

Muchos andan a los tumbos por la vida sin necesidad, cuando les bastaría que pasaran un poco más de tiempo leyendo la Palabra de Dios para obtener la paz, la fe y la felicidad que anhelan.

z[JN1]

¿Nutres tu cuerpo y privas tu alma de alimento?
Es posible alimentar el cuerpo y perder al alma, como el hombre de la Biblia que atiborró sus graneros y un día Dios le dijo: «Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?»1
Tener la panza llena, la billetera abultada y la cabeza henchida de conocimientos no garantiza la satisfacción interior. Si damos mayor prioridad a los intereses materiales y físicos que a los espirituales, descubriremos que nada termina de satisfacernos. Acabaremos como el afamado poeta Lord Byron, que en la cúspide de la fama proclamó con angustia: «He bebido de toda copa de placer y degustado todos los elixires de la fama, mas he aquí, ¡muero de sed!
Así como hay que comer para estar físicamente fuerte, es preciso alimentarse de la Palabra para fortalecerse en espíritu. Si no nutres tu alma jamás te desarrollarás ni madurarás del todo en el aspecto espiritual. Si de veras quieres crecer espiritualmente, debes nutrirte cada día de la Palabra.
«Aunque este, nuestro hombre exterior, se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día»2 con el alimento vivificante de las Palabras de Dios. ¿Es así contigo?
David Brandt Berg

1 Véase Lucas 12:16–21.
2 2 Corintios 4:16.


z

Si tu fe está cimentada en la Palabra de Dios, en realidad poco importa cómo te sientas. La Palabra no está sujeta a nuestras vicisitudes ni altibajos emocionales. Las Escrituras son igual de inmutables y conservan la misma eficacia, sean cuales sean nuestros sentimientos o estado de ánimo. El factor determinante es nuestra fe en la Palabra. Eso es lo que nos ayuda a salir adelante en épocas de pruebas difíciles. Ese es el mensaje central de las siguientes palabras, que se encontraron escritas en los muros de un sótano de Colonia (Alemania) después de la Segunda Guerra Mundial,:

YO CREO…
Yo creo en el sol, aun cuando no brilla;
Yo creo en el amor, aun cuando no lo siento;
Yo creo en Dios, aun cuando calla.

Ó

La Palabra de Dios es el fundamento de la fe
¿Cómo se adquiere fe? Es un don de Dios y está a tu alcance o el de cualquiera que la ansíe. Lo malo es que normalmente la gente no la quiere hasta que la necesita; pero entonces se encuentra con que no la tiene porque le falta arraigo en ella, no ha cultivado el hábito de confiar en la Palabra del Señor, no se ha cimentado en ella. Al fin y al cabo, ¿cómo se va a tener fe en algo que se conoce muy poco o se desconoce por completo?
Así como es imposible construir un buen edificio sin echar cimientos primero, no se puede tener fe prescindiendo de la Palabra, porque la fe en Dios se edifica sobre ella. Si tu fe te parece un poco endeble, hay un remedio muy sencillo: la Palabra de Dios la consolidará.
La fe nace y crece por efecto de la Palabra de Dios. A medida que la leemos y la estudiamos con frecuencia, meditamos en ella e incluso nos aprendemos de memoria porciones de ella, cada frase nos infunde fe y con el paso del tiempo esa fe se ve fortalecida y acrecentada. Si te llenas la mente y el corazón de pensamientos positivos, alentadores y fortalecedores provenientes de la Palabra, que es lo que edifica la fe, pronto verás con asombro la fe que tendrás. Una fe capaz de soportar cualquier prueba, obrar portentos y perdurar a través del tiempo, pues estará cimentada en la base sólida de la verdad de Dios.
David Brandt Berg

z

Carlos nunca dejaba de preocuparse. Se angustiaba cada vez que pensaba en el pago del alquiler. Se intranquilizaba por la seguridad de sus hijos cuando salían para el colegio. Estas y otras preocupaciones de índole profesional lo tenían con un nudo en el estómago. Si se le cruzaba algo por la cabeza que no lo tenía preocupado, se empezaba a angustiar por ello.
Un día se desahogó con su amigo Bruno.
¾No consigo dejar de preocuparme. La ansiedad me consume día y noche. No duermo bien por temor a lo que pueda depararme la mañana. Luego, a lo largo del día, me preocupo por una y otra cosa. Ojalá existiera remedio para la preocupación.
Bruno reflexionó un momento. Entonces condujo a Carlos hasta un cuadro de gran tamaño que colgaba de la pared de su despacho. La pintura retrataba una tempestad furibunda, con cielos oscuros y turbulentos. Todo lo allí reflejado era lúgubre, violento y destructivo, a excepción de una sola cosa. En primer plano había una azucena que por lo visto no se veía afectada en lo más mínimo por la tormenta. Allí estaba, en paz total, sin uno solo de sus pétalos fuera de lugar. El motivo no era aparente, pero observando con más detenimiento, Carlos descubrió que la flor estaba cubierta por un frasco de vidrio que la protegía de los vientos y las lluvias torrenciales.
¾Eso ¾dijo Bruno¾ representa la protección de la fe que infunde la Palabra de Dios. Aunque las tempestades de la vida se abatan ferozmente sobre nosotros y nos anegue la lluvia, un solo factor nos pone a salvo: la fe en la Palabra de Dios. Si esa azucena tuviera ojos para ver la tormenta y oídos para oír el viento y la lluvia, aun así podría estar tranquila sabiendo que está amparada por Dios. Aunque la flor es pequeña y frágil, conserva la serenidad porque el vidrio la protege de todo mal.
A continuación Bruno tomó una Biblia de su escritorio y se la dio a Carlos.
¾Esta es la fuente de toda paz. Si la lees un rato todos los días, al cabo de poco tiempo tendrás un refugio al cual acudir cuando soplen los vientos de adversidad y arrecien las tempestades de la vida. La fe te recordará que estás en manos de Dios y que Él vela por Sus hijos y los protege con amor.

z

¿Para qué perder el tiempo con complicadas y confusas hipótesis y teorías del hombre cuando tenemos a la mano la Biblia, tan sencilla, directa y al grano?

z

Un joven visitó en cierta ocasión a una señora amiga suya ya entrada en años. Mientras ella le preparaba un té en la cocina, él echó mano de la Biblia de ella, bastante raída y desgastada. Fue pasando distraídamente las hojas cuando de pronto notó que en varios lugares aparecían unas iniciales al margen: PC. Al entrar la señora con el té, el joven le dijo:
¾Me entretuve hojeando su Biblia, pero ¿qué significan esas iniciales que anotó usted al margen de tantos pasajes? PC. Aquí está otra vez, PC, y aquí también.
¾Ah ¾respondió ella¾, eso significa probado y comprobado. En algún momento de necesidad invoqué cada una de esas promesas. Esas son las que puse a prueba y comprobé que eran ciertas.
Virginia Brandt Berg (adaptado)

Ó

La Palabra de Dios y Sus garantías no están sujetas a restricciones, limitaciones ni condiciones salvo las que le impone nuestra propia fe.

Ó

Las promesas de Dios son semejantes a salvavidas: evitan que el alma se hunda en el mar de la tribulación.

Ó

Dios jamás promete más de lo que es capaz de cumplir.

Ó

Las promesas de Dios son la moneda del Cielo. Si atesoras muchos versículos en el corazón, serás verdaderamente rico. Podrás cobrarlos en el banco del Cielo y obtener así respuestas a tus interrogantes y soluciones a tus problemas.

Ó

Las promesas de Dios son como las estrellas: Cuanto más oscura es la noche, con mayor fulgor destellan.

Ó

Buscar el camino de la vida por ti mismo es como emprender un viaje sin mapa.
Cuando vas por la carretera, solo ves lo que te rodea en ese momento y en ese punto geográfico. Pero si miras el mapa y te fías de él, verás de dónde procede la carretera y los lugares por los que ha atravesado antes que ingresaras en ella. Gracias al mapa, aunque jamás hayas estado en el lugar de destino ni hayas recorrido nunca esa vía, puedes saber dónde termina. En cambio, si no te tomas la molestia de estudiar el mapa, podrías perder muchísimo tiempo o incluso malograr toda posibilidad de llegar a destino.
Así como tenemos que mirar el mapa, estimar que es veraz y seguirlo hasta llegar adonde nos dirigimos, si leemos la Palabra de Dios, creemos que se nos aplica y cumplimos sus preceptos, arribaremos a nuestro destino, que es el Cielo. No puede ser de otro modo.
Guíate simplemente por el Gran Atlas, y sabrás a dónde te diriges. Dios lo ve todo. No solo sabe tu ubicación actual ¾el presente¾ y tu procedencia ¾el pasado¾ sino que también conoce tu destino.
David Brandt Berg

Ó

El secreto del éxito...
«En la [Palabra] del Señor está su delicia, y en Su [Palabra] medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto a su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace prosperará».
Salmo 1:2-3 (Véase también Josué 1:8.)


Tesoros nuevos y antiguos

Desde el principio mismo Dios proporcionó a Su pueblo los conocimientos esenciales que necesitaban para llevar una vida feliz y productiva. En el transcurso de los siglos le fue entregando más y más instrucciones hasta que al cabo de cierto tiempo, pocos años antes del nacimiento de Jesús, comenzó a revelar a Sus profetas detalles más definidos del plan que tenía trazado para la humanidad. Al llegar Jesús al mundo, comunicó muchísimas más verdades a Sus apóstoles y a los componentes de la iglesia primitiva. Así Dios fue entregando cada más datos y pormenores a Sus hijos conforme a la necesidad. Hoy en día gran parte de ese bagaje de conocimientos se halla en la Biblia.
La Escritura nos expone los conocimientos elementales que nos hacen falta para salvarnos y para muchos otros aspectos de nuestra existencia, pero no lo abarca todo. Hay, sin embargo, quienes insisten que con la Biblia basta; que la humanidad no necesita nada más que lo allí expuesto y que la última vez que Dios habló fue en la isla de Patmos hace dos mil años, cuando se dirigió al apóstol Juan y le reveló lo contenido en el libro del Apocalipsis, el último de la Biblia. Quienes así razonan arguyen que no debemos recibir más conocimientos ni orientación de Dios. En cualquier caso, un Dios que ya no fuera capaz de hablar sería un Dios mudo.
La realidad nos indica todo lo contrario: Dios está vivo, es muy elocuente y aún habla a Sus hijos, como lo ha hecho a lo largo de los siglos. Nos transmite Sus Palabras para hoy en día porque quiere demostrarnos que sigue vivo y que interviene en nuestro favor. Desea ayudarnos a resolver nuestros problemas. Quiere expresarnos el gran amor que nos tiene a cada uno. Anhela que conduzcamos a otras personas a Él y se propone prepararnos a nosotros y al mundo para Su pronto regreso.
La Biblia sigue tan vigente hoy en día como siempre, y es el cimiento de nuestra fe. Así y todo, muchas cosas han cambiado desde los tiempos bíblicos. Ese es otro motivo por el que necesitamos Sus actualizaciones, mensajes captados en profecía o por otros medios de revelación directa de las que se vale para facilitar a Sus hijos más información, instrucciones y palabras de aliento.
La Biblia no contiene las únicas Palabras de Dios. A lo largo de los tiempos Él ha hablado a numerosos hijos Suyos. En algunos casos ellos mismos y otras personas dejaron constancia de lo que dijo en escritos que son de inspiración tan divina como la Biblia. No ha dejado de hablarnos palabras nuevas. Nos da «tesoros nuevos y viejos».1

1 Véase Mateo 13:52.

Pero ¿cómo se sabe qué escritos de otros cristianos son verdaderamente inspirados por Dios y cuáles no son sino producto de sus propias ideas o interpretaciones erróneas? Basta con cotejar esos escritos con la Biblia. La Escritura es la autoridad máxima cuando hay que sopesar lo expresado por alguna persona. En ese caso conviene buscar un precedente bíblico. Verifícalo con El departamento de pesos y medidas: la Biblia. Los escritos de inspiración divina se ajustan a la Palabra de Dios redactada en Su Libro. No encierran nada que contradiga los preceptos elementales de las Sagradas Escrituras. Puede que contengan detalles no consignados en la Biblia ¾pormenores que contribuyan a llenar lagunas y aclarar la imagen¾, pero no expresarán nada que discrepe de los preceptos bíblicos.
Otro modo de evaluar hasta qué punto otros escritos cristianos son de inspiración divina es tomar en cuenta el efecto que tienen en el mundo y en ti.1 ¿Promueven el Evangelio y conquistan a la gente para Jesús? ¿Te ayudan a experimentar el amor de Dios? ¿Te fortalecen la fe? ¿Generan en la vida de otras personas y en la tuya los frutos del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe mansedumbre y templanza?2
Si oras y acudes al Señor, Él te indicará qué libros o publicaciones vale la pena leer. Te ayuda a discernir las verdades de las falsas doctrinas o ideas de hombres que no concuerdan con las Suyas.

1 Véase Mateo 7:15-20 con respecto a los frutos.
2 Véase Gálatas 5:22–23.



La Palabra de Dios es como un hermoso collar de perlas.
La Palabra de Dios es una fuente inagotable de sabiduría y conocimiento, en la que constantemente se hallan tesoros nuevos y viejos. Se deja leer mil veces. Quien lo haya hecho con mayor frecuencia será sin duda quien descubra en ella nuevas maravillas. Cada vez que escudriñamos la Palabra extraemos de ella puñados y puñados verdades inapreciables.
Sin embargo, esas perlas de conocimiento no son nada sin el Espíritu Santo. Por mucho que se estudie la Biblia, son indispensables el Espíritu y la mano de Dios para enhebrar las perlas de Sus Palabras en el debido orden y armar con ellas una valiosa alhaja, un collar de verdades ensartadas según su quilate y belleza. Ahí estriba la diferencia entre conocimiento y sabiduría. La sabiduría consiste en saber aplicar los conocimientos adquiridos. En este caso, en aprovechar el conocimiento que se tiene de la Palabra de Dios a fin de otorgarle utilidad práctica.
No tengas en menos, pues, la belleza, los tesoros y los caudales de la Palabra de Dios. Pide al Señor que te infunda sabiduría. «Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia».1 Es mejor que el oro.2
David Brandt Berg

Ó

La Palabra de Dios es la verdad más contundente que hay.
La espada vence; la pluma, convence. Los hombres de Dios en raras ocasiones dirigieron imperios. No obstante, ganaron a multitudes a su causa por medio de sus palabras, su fe y sus ideas, que cautivaron corazones, conciencias y espíritus liberándolos para siempre. A diferencia de los efímeros imperios terrenales del hombre, que subyugan por la espada, el Reino eterno de Dios representado en Sus sagradas Palabras de amor y de vida conquistó los espíritus inmortales de multitudes.

1 Proverbios 4:7.
2 Proverbios 16:16.

Las palabras de los profetas de Dios han trascendido los siglos, llegando hasta los confines de la Tierra y alterando la historia de naciones enteras. Sus ideales hechos verbo han transformado los corazones infundiéndoles esperanza en un mundo mejor. Grandes naciones cristianas se han edificado en torno a la Biblia, y sus divinas letras han llevado el amor de Dios por medio de Jesús a un mundo que clama desesperadamente por ese amor. Sus Palabras son espíritu y son vida.1 Sin ellas, todo volvería al polvo de donde vino.2
La Palabra de Dios es la más poderosa de las armas. La fisión nuclear no es nada en comparación. La Palabra puede transformar corazones, cosa que aún no ha conseguido ninguna bomba atómica. Tiene la virtud de renovar el pensamiento, empresa que no se ha logrado todavía a fuerza de balas. Las Palabras Divinas son verdaderamente revolucionarias, pues transforman corazones.
David Brandt Berg

La Palabra de Dios en carne y hueso
«En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por Él fueron hechas y sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. En Él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece; y las tinieblas no prevalecieron contra ella. [...] Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por Él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo Suyo vino, y los Suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en Su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Y el Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros ( y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad».
Juan 1:1-5; 9-14

1 Juan 6:63.
2 Salmo 33:6; Hebreos 11:3.


Cómo sacar el máximo de provecho a lo que se lee

La conexión del Espíritu Santo. Jamás podrás captar las verdades más profundas de la Palabra con la mente natural. «El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente».1 Dios puede revelártelas por medio del Espíritu Santo si se lo pides.2 Esa es precisamente una de las principales razones de ser del Espíritu Santo: orientarnos en la lectura de la Palabra de Dios. Poco antes de Su crucifixión, Jesús explicó a Sus discípulos: «El Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en Mi nombre, Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que Yo os he dicho»3, y «Él os guiará a toda la verdad».4

1 1 Corintios 2:14.
2 1 Corintios 2:9–14.
3 Juan 14:26
4 Juan 16:13.

Si te has llenado del Espíritu Santo, esas promesas son válidas para ti también. Y si aún no has recibido la infusión del Espíritu, puedes hacerlo sin ningún impedimento.
Todo el que reconoce a Jesús como Salvador recibe una medida del Espíritu. Sin embargo, llenarse hasta rebosar del Espíritu Santo ¾lo que la Biblia llama el bautismo del Espíritu¾ suele ser una experiencia aparte, que a veces se da posteriormente. Si quieres imbuirte del Espíritu Santo, no tienes más que pedírselo al Señor. «Si vosotros […] sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan».1
Te quedarás atónito al ver la diferencia que hace. Aquellos pasajes de la Biblia que no lograbas entender, de repente cobrarán sentido, y pasajes que creías entender adquirirán un nuevo significado.
(Si quieres saber más sobre el Espíritu Santo y todo lo que es capaz de hacer por ti y por medio de ti, lee Los dones de Dios, otro de los títulos de la serie Actívate.)

Abre tus ojos espirituales. Cuando los discípulos de Jesús le preguntaron por qué enseñaba en parábolas que la mayoría de la gente no entendía, Él les respondió: «Porque a vosotros os es dado saber los misterios del Reino de los Cielos; mas a ellos no les es dado. […] Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. […] Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen».2 Conviene pedir al Señor, como hizo el rey David, que nos abra los ojos espirituales y nos otorgue una comprensión más cabal de la verdad contenida en Su Palabra. «Abre mis ojos, y miraré las maravillas de Tu ley [Palabra]».1

1 Lucas 11:13.
2 Véase Mateo 13:10–16.
1 Salmo 119:18. Véase también Efesios 1:17–18.

Volver al colegio. Para que la Palabra nos aproveche, no basta con leerla. Es menester estudiarla y además escuchar la voz de Dios. Para digerir, absorber y beneficiarnos de la Palabra es necesario detenernos a reflexionar sobre lo que leemos y aplicarlo a nuestra situación particular. Debemos preguntarnos de qué modo lo leído se ajusta a la verdad, no con actitud escéptica ni inquisidora, sino de fe, sabiendo que cuanto más ahondemos, más enseñanzas podremos sacarle.
«Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la Palabra de verdad».2 o, como dice en la Nueva versión internacional, «que interpreta rectamente la Palabra de verdad», lo cual demanda estudio diligente.
Pide al Señor que te ayude a ser como los cristianos de la iglesia primitiva de Berea, a quienes el apóstol Pablo elogió por acoger «la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así».3

¿Qué tomar? ¿Leche o alimento sólido? No esperes entender toda la Biblia la primera vez que la leas. Por lo general no es así. Al igual que un recién nacido no puede digerir y asimilar la mayoría de los alimentos que ingieren sus padres y hermanos mayores, el cristiano recién nacido espiritualmente no está todavía en condiciones de tomar el alimento sólido de la Palabra de Dios. «El alimento sólido es para los que han alcanzado madurez».4 «Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis».1

2 2 Timoteo 2:15.
3 Hechos 17:11.
4 Hebreos 5:14.
1 1 Pedro 2:2.

Si te topas con algo que no entiendes, envuélvelo en un paquetito de fe y espera a que el Señor te lo desenvuelva y te lo descubra a su debido tiempo. Jesús incluso dijo a Sus discípulos, con los que vivía y a quienes instruía desde hacía más de tres años: «Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar».2
(Trataremos este tema con mayor profundidad en el apartado ¿Dónde comenzar?, página 33 aprox.)

No pierdas el apetito. Un elemento decisivo es la medida en que uno desee las Palabras del Señor y la receptividad que manifieste a lo que Él le diga. Jesús prometió: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados».3 En contraposición a esto, la Biblia también advierte que los ricos ¾es decir, los que están llenos de sus ideas y planes propios o los que se consideran justos a sus propios ojos¾ retornarían vacíos.4

Sé concreto. Pide al Señor que te guíe a los versículos o pasajes que contengan soluciones concretas a los problemas particulares que afrontas. «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.»5 Estas palabras constituyen una promesa.

2 Juan 16:12.
3 Mateo 5:6.
4 Lucas 1:53.
5 Mateo 7:7–8.

La voz de la Palabra. En cuanto uno concentra su atención en la Palabra de Dios escrita se predispone a escuchar al Señor. A partir de ahí Él puede hablarle indicándole aplicaciones personales de lo que lea. Digamos que has repasado cierto versículo muchas veces sin extraerle ninguna enseñaza particular. Pero un día el Espíritu Santo te ayuda a aplicarlo a tu situación y de golpe cobra vida. A eso se lo conoce como la voz de la Palabra de Dios.
Dios sin duda puede hablarnos en cualquier momento, comunicándonos mensajes directos en una especie de transmisión de pensamiento. Sin embargo, las más veces probablemente descubras que Dios te traerá a la memoria ciertos pasajes pertinentes de las Escrituras que hayas leído o aprendido en otra ocasión. En el momento más indicado te refrescará justo el versículo que necesitas. Ese fenómeno también encuadra dentro de lo que llamamos la voz de la Palabra. Dicho de otro modo: no hace falta estar leyendo la Palabra en ese preciso instante para que Dios se valga de ella a fin de comunicarnos algo.
Simplemente pídele que te hable, y luego escucha con los oídos espirituales lo que te diga. Aunque no consideres que te sabes la Biblia muy bien o no sepas dónde buscar las respuestas que precisas, Dios conoce Su libro al derecho y al revés. Él sabe ni más ni menos lo que necesitas en cada situación y puede hacerte evocar pasajes que en algunos casos ni recuerdes haber leído. No obstante, a modo de referencia, conviene tener almacenada tanta información como sea posible en nuestros bancos de memoria. Cada vez que leemos o memorizamos pasajes de la Escritura, ampliamos nuestra base de datos de la Palabra.
(En el librito Escucha Palabras del Cielo, de esta misma serie, abordamos este tema más extensamente.)

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Cuanto más amas, lees y estudias la Palabra de Dios, más maduras y más te das cuenta de que Él puede hablarte clarísima y sobrenaturalmente por medio de la lectura misma.
David Brandt Berg

Ó

La Palabra es la clave de la victoria, del éxito y del fracaso. Todo depende del lugar que se le dé a la Palabra y de cuánto viva uno inmerso en ella, de cuánto se nutra de ella o trate de prescindir de la misma.
David Brandt Berg

Dios llama a Su Hijo el Verbo, o sea la Palabra, Su Palabra dirigida a nosotros.1 La palabra es vehículo de comunicación. Transmite algo. Conlleva un significado. Dios quería manifestar al mundo Su amor. ¿Y cómo lo hizo? Dado que ni Él ni el amor son visibles, palpables, envió Su Palabra encarnada en Jesús. Nos expresó y comunicó Su amor por medio de Jesús, que habló del amor de Dios y lo puso de manifiesto. Simbolizó y encarnó el amor del Creador. Fue el mensaje divino de amor para nosotros.

Ó

En el edificio que aloja el Tribunal Supremo de Suiza, cuelga una enorme pintura de Paul Robert titulada La justicia instruye a los jueces. En primer plano muestra los diversos litigantes: la esposa contra su marido, el arquitecto contra el constructor, y así sucesivamente. Por encima de ellos se ve a los magistrados suizos. ¿Cómo juzgarán acertadamente las distintas causas?
La respuesta del artista es simple: La justicia ¾a la que normalmente se representa con los ojos vendados y una espada que apunta hacia arriba¾ en este caso no tiene los ojos tapados. Y la espada apunta hacia abajo, a un libro que lleva por título La Palabra de Dios.

1 Juan 1:1-14

Consejos prácticos

¿Cuál es la mejor versión de la Biblia? Muchos consideran la versión Reina-Valera la más precisa, inspirada y fidedigna que tenemos en idioma castellano. Se tradujo en la época cumbre de la literatura española y fue precursora de algunas de las grandes obras del llamado Siglo de Oro, por lo cual cuenta con el reconocimiento de destacados literatos. Además ha sido sometida a sucesivas revisiones con el objeto de actualizar su lenguaje. Hoy en día son de extenso uso la revisión de 1960 y más recientemente la de 1995.
Asimismo son recomendables la Biblia de Jerusalén y la versión Nácar-Colunga. En las últimas décadas también se han realizado varias traducciones en lenguaje moderno, que hacen más accesible el texto bíblico, imprimiéndole un giro más coloquial. Entre estas destacan la Nueva versión internacional, La Biblia didáctica (SM) y Dios habla hoy, también conocida como Versión popular. No viene mal tener a mano más de una versión para consultarla cuando cierto versículo o pasaje no quede del todo claro en la versión Reina-Valera, que es la que más citamos en este y en otros libritos de la serie Actívate.
Algunas traducciones no son tan inspiradas ni tan apegadas a los textos originales en hebreo, griego y arameo. Las hay incluso que contienen errores de interpretación bastante gruesos, por lo que conviene bien informarse antes de adquirirlas.

Libros de referencia bíblicos, comentarios sobre la Biblia y otras publicaciones cristianas. Un buen maestro facilita mucho el aprendizaje. Un ejemplo clásico de esto lo tenemos en la historia de Felipe y el eunuco etíope, que aparece en el octavo capítulo del libro de los Hechos:
En el camino a Jerusalén, Felipe se encontró con un eunuco «funcionario de Candace reina de los etíopes». El eunuco iba sentado en su carro leyendo el libro de Isaías, y Felipe le preguntó si entendía lo que leía.
¾Y cómo lo voy a entender ¾respondió el etíope¾ si alguien no me lo enseña.
El eunuco leía el capítulo 53 de Isaías, que contiene una serie de profecías muy específicas acerca de la venida del Mesías, las cuales se cumplieron al pie de la letra en Jesús. Felipe entonces «abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús». En consecuencia, el eunuco reconoció que Jesús era el Salvador.1 Felipe resultó, por tanto, ser un buen maestro.
También podemos beneficiarnos de los conocimientos que nos pueden transmitir otros cristianos más experimentados. Una buena concordancia bíblica ayuda mucho a localizar versículos de los cuales a veces solo se recuerdan una o dos palabras clave. (Concordancia bíblica es un índice alfabético de las palabras que figuran en la Biblia y las referencias correspondientes a los versículos en que aparecen dichas palabras.) Las concordancias varían en amplitud y profundidad. Las hay en grandes tomos, como la de C.P. Denyer, publicada por Editorial Caribe o la Concordancia completa de la Santa Biblia de William Sloan, publicada por Editorial CLIE, hasta las más breves, que se encuentran en los apéndices de algunas biblias. Dado que las concordancias más grandes son más completas, es más probable que incluyan la referencia del versículo que uno busca, aunque quizá haya que leer varias entradas antes de dar con él. Las concordancias más breves son más prácticas. La desventaja es que contienen menos entradas y por tanto ofrecen menos posibilidades de encontrar lo que se busca. La mayoría de los programas informáticos de la Biblia, como Compubiblia, incorporan excelentes funciones de concordancia.
Algunos de los libros de referencia y estudio bíblicos más reconocidos a través del tiempo son el Compendio manual de la Biblia1 por Henry H. Halley y la Biblia de Referencia Thompson 2. Existe además una diversidad diccionarios, entre los que podríamos destacar Nuevo diccionario bíblico ilustrado de Samuel Vila, el Nuevo diccionario de la Biblia3, el Diccionario ilustrado de la Biblia4 y el Diccionario bíblico abreviado5. Algunas de estas obras son funciones integradas en programas informáticos sobre la Biblia. La desventaja de muchas de ellas es que hacen más hincapié en los detalles históricos que en la aplicación práctica del cristianismo. Entre los libros de estudio más adecuados a la vida cotidiana, recomendamos: Claves para descubrir la verdad: Fundamentos6, Claves para descubrir la verdad: Una vida más feliz7, y Cápsulas de la Biblia8
Aparte esos, hay numerosos libros devocionales basados en la Biblia, como Fuerzas para cada día9, El Pan nuestro10, los libros de la serie Ríos de la montaña11, de David Brandt Berg y la serie Manantiales en el Desierto12 de la Sra. Cowman. Estos libros pueden ser muy útiles, sobre todo cuando todavía no se conoce a fondo la Biblia.
Testimonios de fe y del poder de Dios, poemas inspirativos, anécdotas y novelas que promuevan la fe y los valores cristianos, biografías de cristianos consagrados, etc. son también otras publicaciones cristianas que vale la pena leer. Asimismo recomendamos De Jesús, con cariño13, colección de mensajes de consuelo e instrucción recibidos directamente en profecía del mayor de los maestros: Jesús.

1 ©Moody Bible Institute, Editorial Portavoz
2 ©Kirkbride Bible Company Inc. y Editorial Vida
3 Editorial Unilit
4 Editorial Caribe
5 © Editorial Verbo Divino
6 © Aurora Production, AG
7 © Aurora Production, AG
8 © Aurora Production, AG
9 © Aurora Production, AG
10 © Editorial Vida
11 © Aurora Production, AG
12 © Editorial Mundo Hispano. Logoi Inc. y Editorial Unilit
13 © Aurora Production, AG


¿Por dónde comenzar? La Biblia es un libro excepcional en el sentido de que no es recomendable empezar a leerlo por primera vez en la página 1. Muchas personas lamentablemente hacen eso. Empiezan por el Génesis y al poco tiempo se empantanan en los libros de Números o Deuteronomio. Así pierden el interés o dejan de leer antes de llegar a las partes realmente importantes.
Aconsejamos que comiences a leer la Biblia por los primeros cuatro libros del Nuevo Testamento ¾los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan¾ que registran la crónica de la vida y el ministerio de Cristo. Tal vez convenga leer primero el Evangelio según San Juan, dado que contiene la mayor cantidad de palabras textuales de Jesús. Hasta podrías leer todos los Evangelios o partes de ellos más de una vez antes de pasar a otros libros.
El libro de los Hechos de los Apóstoles es también substancial, porque además de constituir un recuento de los principales acontecimientos en los que participaron los primeros cristianos, sirve de modelo para la vida cristiana y la evangelización que realizamos en la actualidad.
El resto del Nuevo Testamento ¾las epístolas y el Apocalipsis¾ pueden resultar un poco difíciles de entender en un principio, pero si oras para que el Espíritu Santo te ilumine,1 hallarás infinidad de pasajes bellísimos y enérgicas promesas.2 No te pierdas por ejemplo 1ª a los Corintios 13.
Del Antiguo Testamento, el libro de los Salmos ha sido durante miles de años fuente de ánimo y consuelo para millones de personas. El libro de los Proverbios contiene mucha sabiduría y textos de reflexión. En los demás libros del Antiguo Testamento hay numerosos relatos fascinantes, salpicados de enseñanzas acerca del poder milagroso de Dios. Seguramente te tomará un buen tiempo leerlos todos. Es aconsejable no detenerse demasiado en las instrucciones y rituales detallados del libro de Levítico o en las largas genealogías que aparecen en Números o en el primer libro de Crónicas. Si cierto pasaje no despierta tu interés, déjalo y busca algo que te resulte más cautivador.

1 Juan 16:13.
2 2 Pedro 1:4.

Marta y María ¾las hermanas de Lázaro, a quien Jesús levantó de los muertos¾ se contaban entre los amigos y seguidores más cercanos del Maestro. Cada una de las hermanas le manifestaba amor de forma muy diferente. En cierta ocasión en que Jesús enseñaba en casa de ellas, Marta «se preocupaba con muchos quehaceres». María, en cambio, «sentándose a los pies de Jesús, oía Su Palabra».
Al quejarse Marta a Jesús de que su hermana María debía ayudarla, Él repuso: «Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada».1 Dicho de otro modo, le señaló que su hermana María había obrado con acierto al dar máxima prioridad a la Palabra. Jesús agradeció los servicios prestados por Marta; sin embargo, sabía que las necesidades espirituales de ella eran más importantes que las exigencias físicas de Él.

z

Que la potente llama de tu poder divino,
surgiendo poderosa, cual fuego abrasador,
encienda en cada mente, con rudo torbellino,
el bello pensamiento de paz y santo amor.

No falta en tus acordes, de celestiales notas,
la dulce melodía que el alma hace desear.
¡Eres la vida hermosa que de los cielos brotas,
inmensa, cual los cielos; profunda, cual la mar!

Tus páginas benditas, sembradas de diamantes,
irradian por doquiera destellos divinales;
tu voz, cuando se escucha, despide centelleantes
fulgores de la gloria y acentos celestiales.

¡Oh Biblia, Biblia hermosa! ¡Cuán dulce melodía,
sonando con dulzura, palpita blandamente
en ti, divino arpegio, albor de un nuevo día,
legado primoroso del alma del creyente!

Destilan miel y aromas tus perfumadas hojas,
tus dichos y promesas, tu grande bendición;
no son blancas tus hojas, tus páginas son rojas,
marcando así el gran precio de nuestra redención.
Adalberto López
El ciclo de la vida
«Como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será Mi palabra que sale de Mi boca; no volverá a Mí vacía, sino que hará lo que Yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié».
Isaías 55:10-11

Importante: antes de utilizar la máquina, consulte el manual del fabricante
Las personas inteligentes siempre estudian con detenimiento el manual de instrucciones de un aparato valioso antes de intentar ponerlo en funcionamiento. En consecuencia, se ahorran mucho tiempo, inconvenientes y posiblemente daños irreparables que pudiera sufrir el aparato. En cambio, quienes son demasiado impacientes para leer primero el manual, o bien piensan que ya saben hacerlo funcionar, o no quieren admitir que necesitan repasar las instrucciones, normalmente no consiguen otra cosa que acarrearse dificultades.
¿Por qué pasarse la vida bregando con un problema tras otro cuando nuestro Creador y Fabricante ¾Dios¾ dispuso que algunos hombres de Su confianza escribieran un manual de Instrucciones que contiene detallados diagramas y claras especificaciones técnicas para hacer frente a la difícil tarea de vivir y mantener el cuerpo, la mente y el espíritu en buenas condiciones? Si no nos tomamos la molestia de leer primero el Libro a fin de aprender a conducir bien nuestra alma y no abusar de ella, podríamos perder muchísimo tiempo y hacernos mucho daño a nosotros mismos y a los demás. La idea es conservarla para uso de Dios y que finalmente llegue a salvo al Cielo. ¡No corras riesgos! ¡Lee el Libro y guíate por sus instrucciones!
D.B.B.



Cuándo leer. Con un programa de actividades tan apretado como el que tiene la gente hoy en día, ¿cómo hace uno para encontrar aunque sea unos minutos para leer la Palabra todos los días? He aquí una excelente oportunidad de poner a prueba a Dios exigiéndole que cumpla la siguiente promesa Suya: «Buscad primeramente el Reino de Dios y Su justicia, y todas estas [otras] cosas os serán añadidas».1
A la inversa, si te enzarzas tanto con otros asuntos que consideras más importantes y urgentes, de tal modo que no apartas tiempo para la Palabra de Dios, será inevitable que las cosas salgan mal.
Prioriza la Palabra y el Señor te concederá tiempo para todo lo demás que tengas que hacer. Él probablemente te ayudará a obrar con más eficacia y economía de tiempo. Pronto descubrirás que al dar preeminencia a la Palabra, además de resolverse el problema de falta de tiempo para leerla y estudiarla, se te resolverán muchos otros problemas. Se crea una situación en la que se sale ganando desde todo punto de vista. Notarás claros progresos en tu relación con el Señor y en tu vida en general y te sorprenderá cómo te las arreglaste hasta entonces sin ello.
El momento más propicio para leer la Palabra es cuando se está mejor predispuesto y en condiciones de prestarle toda la atención. A la mayoría de la gente ese momento se le presenta en la mañana, antes que se desate el ajetreo de la jornada. Una vez que te sumerges en tus demás tareas y obligaciones es mucho más difícil mantener a raya los trajines cotidianos para concentrarte en la Palabra de Dios y asimilarla.

1 Mateo 6:33.

Si por cualquier motivo la primera hora del día no te viene bien, busca algún otro momento propicio. Quizá te venga mejor tomarte ese tiempo apenas llegues al trabajo, en los primeros momentos de la jornada, o incluso en el trayecto, cuando otra persona vaya conduciendo o andes en transporte público. Si eres madre de familia y estás muy ocupada, procura hacerlo en cuanto hayan partido los niños al colegio o hayas puesto al nene a dormir en la mañana.
Si no te resulta posible apartar un rato largo para leer la Palabra, prueba hacerlo en dos o tres ratos cortos de 10 ó 15 minutos cada uno. Aprovecha para leer un rato durante la pausa del café o bien utiliza parte de la hora de almuerzo. Tanto a ti como a tus compañeros de trabajo los sorprenderá ver cuánto mejor te salen las cosas el resto del día. La noche es otro buen momento para leer la Palabra, sobre todo con tu familia. Toma unos minutos en la mesa después de cenar o lee un relato de la Biblia a los niños antes de acostarlos. Otra opción podría ser tomarse un rato de sosiego en torno a la Palabra junto a los tuyos antes de retirarse a dormir. (Los momentos que leas la Palabra junto a tu familia contribuirán a estrechar los vínculos familiares más que ninguna otra cosa.) Leer la Palabra unos minutos antes de dormir te dará solaz al cabo de un día agitado. «Echa sobre el Señor tu carga»1, y dormirás mejor.
Una vez que encuentres el momento más adecuado, ocúpalo todos los días en la lectura de la Palabra hasta crear un hábito.

1Salmo 55:22.

Elabora un plan de lectura. Siempre viene bien fijarse una meta y elaborar un plan para alcanzarla. Claro que la meta tiene que ser realista. Comienza con algo que sea asequible, como por ejemplo, 10 ó 15 minutos al día de lectura de la Palabra. Hazlo entonces durante una semana. Una vez que lo hayas logrado, aumenta tus ratos de lectura hasta 20 minutos o media hora diaria. Otra posibilidad es hacerse el propósito de leer un Evangelio por semana y terminar con los cuatro al cabo de un mes. Se puede también leer sobre algún tema pertinente a la situación particular en que te encuentres en ese momento: las preocupaciones, las relaciones con los demás, consuelo ante la pérdida de un ser querido, etc. (Consulta Claves para descubrir la Verdad, manual bíblico que te proporciona estudios claros y concisos sobre más de 50 temas de interés.)
Generalmente conviene trazarse un plan o hacerse un hábito diario de lectura. Sin embargo, habrá días en que te vendría mejor leer algo distinto de lo que tenías pensado. Acostúmbrate a orar antes de leer. Así el Señor tendrá ocasión de indicarte un cambio de planes, en caso de que quiera que abandones el programa preestablecido y dediques tiempo a otro tema.
Infunde variedad a tus ratos de lectura leyendo diversos libros de la Biblia y otras publicaciones devocionales. Cierto día podrías leer varios Salmos, al día siguiente unos cuantos capítulos de algún Evangelio y al siguiente unos pasajes breves de algún libro que podría ser Fuerzas para cada día o De Jesús, con cariño. Otra alternativa sería seguir un programa similar de lectura, pero en períodos más largos. Una semana podrías dedicarla enteramente a la lectura de un Evangelio y la siguiente a estudiar alguno de los temas fundamentales de la fe cristiana que se tratan en Claves para descubrir la Verdad: fundamentos y otros libros.

Calidad antes que cantidad. A diferencia de la mayoría de las otras cosas que leas ¾sean de carácter informativo, recreativo o laboral¾ la Palabra de Dios nos nutre el espíritu. Digerir y asimilar una comida toma tiempo; el mismo principio vale para sacarle el máximo de provecho a la Palabra. No servirá de mucho hojearla o leerla de prisa.
Lee detenidamente y tómate tiempo para reflexionar y meditar con oración en lo que leas. Si no comprendes o no recuerdas lo que lees, aminora la marcha. Aunque no leas más de un versículo o un pasaje, si descubres en él alguna verdad nueva, o te induce a meditar profundamente en algo, o te infunde paz o consuelo, o te hace sentir la presencia de Dios, o bien te lleva a emprender una acción positiva en torno a algo, tu lectura de la Palabra habrá valido la pena.
Sin embargo, no vayas a creer que cada momento de lectura de la Palabra irá necesariamente acompañado de un estremecimiento espiritual o de un novedoso descubrimiento. A veces no se siente nada. Eso no significa que haya que dejar de leer o que la lectura de la Palabra deje de tener efecto. Cuando se ingiere un alimento, el organismo se ve fortalecido aunque uno no lo perciba inmediatamente con los sentidos. De igual forma, la Palabra nos fortalece el espíritu, tanto si sentimos sus efectos enseguida como si no.

Evita las distracciones. Busca un lugar tranquilo donde no te interrumpan. Si te mentalizas de que se trata de tu cita diaria con el Señor ¾tan importante como un compromiso de índole comercial o cualquier otra actividad¾ estarás menos inclinado a admitir interferencias. Cuelga en tu puerta un letrero que diga Se ruega no molestar. Desconecta el teléfono o pide a tu secretaria que no te pase las llamadas por un rato. Prepara una actividad para que los niños se entretengan solos un ratito sin que entrañe peligro para ellos.
Finalmente, antes de leer la Palabra, ora para que no te distraigas con otros pensamientos. Aun cuando tengas por delante un día muy ajetreado o complicaciones mayúsculas, Jesús puede ayudarte a dejar de lado temporalmente tus preocupaciones de tal modo que puedas concentrarte en lo que leas.

Dónde leer. Huelga decir que algunos sitios son más propicios para leer la Palabra que otros. Un banco en una plaza puede llegar a ser un poco incómodo. Por otro lado, un sillón mullido puede resultar demasiado cómodo. Algunas personas son perfectamente capaces de despertarse, darse la vuelta, encender una luz y pasar un rato provechoso de lectura a primera hora del día. Otras se despiertan, se dan la vuelta, encienden la luz y se vuelven a dormir. Descubre lo que te viene mejor a ti.

Entra en calor alabando al Señor. El rey y salmista David dijo: «Venid ante Su presencia [de Dios] con regocijo [...] Entrad [...] por Sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid Su nombre»1 Antes de iniciar la lectura de la Palabra, tómate unos momentos para dar gracias a Dios por Su bondad y por las bendiciones que te ha otorgado. Eso contribuye a crear el clima propicio y a apartar los pensamientos de otras cosas. Piensa en todas las formas en que te ha favorecido Dios y exprésale gratitud. El librito A mi Rey2 contiene hermosos textos de alabanza a Dios. De vez en cuando, prueba a leer una página del mismo antes de iniciar la lectura de la Palabra.
Si te sabes algunas canciones de alabanza al Señor, puedes cantar alguna de ellas al inicio de tu rato de lectura, aunque solo lo hagas en tu corazón; o si tienes una cinta de alabanzas, escucha un par de ellas.3 En el catálogo de producciones Aurora se ofrecen hermosos compactos y cassettes sobre el tema.

1 Salmo 100:2,4.
2 © Aurora Production, Ltd.
3 Efesios 5:19.
4 © Aurora Production, Ltd.



Memorización de la Palabra. «Pondréis estas Mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma».1 La mejor forma de retener los versículos más importantes que se leen es aprendérselos de memoria. Los que se memorizan se convierten en parte de uno mismo. Nos fortalecen la fe y nos acompañan toda la vida. El Espíritu Santo puede recordárnoslos con más facilidad cuando alguno de ellos sea la clave para resolver determinada situación o dificultad que se nos haya presentado. Nos resultará natural invocarlos cuando oremos.
Memorizar versos importantes y saber la referencia de cada uno ¾por lo menos en qué libro y capítulo se encuentran¾ es de mucha utilidad para transmitir la Palabra a otras personas que necesitan la verdad y las soluciones divinas. El buen estudioso de la Palabra tarde o temprano se convierte en buen maestro de la misma.
Al principio la idea de aprenderte partes de la Biblia puede llegar a intimidarte, pero en poco tiempo le agarrarás la onda. Comienza leyendo un par de veces el versículo que quieras memorizar. Luego, procura repetirlo todo o en parte sin mirar el texto. También puedes copiarlo en un cuaderno o mecanografiarlo para tenerlo a mano y poder repasarlo más tarde.

1 Deuteronomio 11:18.


Dedica unos minutos varias veces al día hasta que te aprendas ese versículo y seas capaz de repetirlo sin mirar el texto. Puede que al final del día ya te lo sepas, o puede que te tome más tiempo. Cuando te lo hayas aprendido, escoge otro verso para memorizar. Para no olvidarte lo aprendido, repasa cada verso al menos dos veces al día durante una o dos semanas; de ahí con menos frecuencia hasta que se te haya grabado. Repasar con frecuencia lo memorizado es vital para garantizar su retención. Al poco tiempo todo lo memorizado te aprovechará, independientemente de cuánto sea y el tiempo que te tome.
Si no te consideras capaz de memorizar la Palabra, piensa en las muchas cosas que ya te sabes de memoria: por lo menos un idioma, las tablas de multiplicar, números de teléfono, direcciones, fechas de cumpleaños y otras cosas por el estilo. La repetición es la ley de la memoria. Lo que se oye o lee con bastante frecuencia acaba por aprenderse.
(Si quieres memorizar la Palabra de Dios pero no sabes por dónde empezar, en Cápsulas de la Biblia encontrarás una excelente colección de versículos muy variados temas.)


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Llénate el corazón y los pensamientos de la verdad de Dios
El Señor nos ha dado la mejor de las computadoras ¾la mente¾, pero nos toca a nosotros programarla. Los programas que se le instalen pueden ser buenos o malos. Estamos condicionados mentalmente para reaccionar de determinada manera según lo que nos hayan enseñado o hayamos experimentado. De ahí la enorme importancia de memorizar la Palabra de Dios.
Dios mismo se asemeja al Servidor. Uno puede conectarse a Él y por medio de Su poder, de Su Espíritu, el Señor puede transmitirle toda la información, sabiduría y soluciones que necesita. Si se es constante en la lectura, el estudio y la memorización de la Palabra, Dios está en condiciones de abrirte Sus archivos por medio de Su Espíritu cuando sea necesario. Simplemente hará aparecer los datos en la pantalla de tu pequeño ordenador cuando hagas la conexión debida en el programa.
Una vez que te has saturado el corazón y los pensamientos con la Palabra de Dios, no tienes más que convertirte en un instrumento sumiso en Sus manos. El Señor entonces puede sentarse ante el teclado y sacar de tu computadora los datos que quiera, pues en los chips de memoria instalados en tu cabeza se encuentra toda la información que hayas programado en ellos.
D.B.B.

Ó

¿No es estupendo contar con la Palabra de Dios como fuente de aliento? Absórbela hasta lo más profundo de tu ser. Lo que te fortalece es la Palabra, que obra por medio del Espíritu del Señor y de Su amor.
D.B.B.
Ó

Puede que algún día, las únicas Escrituras con que cuentes sean las que hayas atesorado en tu corazón.
D.B.B.

Ó

¿De dónde sacaba Susana Wesley tiempo para comulgar con Dios y leer Su Palabra cada día? Tenía 17 hijos. Sin embargo, hacía malabares para pasar una hora diaria leyendo la Palabra y rogando por ellos. Es evidente que daba la mayor prioridad a la lectura de la Palabra, ejercicio que a la larga, rindió sus frutos, sobre todo teniendo en cuenta lo que lograron por el Señor dos de sus hijos ¾John y Charles¾ ya de mayores. Además de fundar la Iglesia Metodista, John Wesley dio inicio a un reavivamiento religioso que se extendió por toda Inglaterra y Gales. Su hermano menor Charles también fue un predicador de renombre y escribió más de 6.000 himnos.

Ó

Siempre verdadera, siempre contarás con ella
«No ha fallado ninguna palabra de todas Sus promesas» (1 Reyes 8:56).
«Para siempre, oh Señor, permanece Tu Palabra en los cielos» (Salmo 119:89).
«La suma de Tu Palabra es verdad, y eterno es todo juicio de Tu justicia» (Salmo 119:160).
«Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la Palabra del Dios nuestro permanece para siempre» (Isaías 40:8).
«El cielo y la tierra pasarán, pero Mis Palabras no pasarán» (Mateo 24:35).
«La Escritura no puede ser quebrantada» (Juan 10:35).
«La Palabra del Señor permanece para siempre» (1 Pedro 1:25).

Ó

Podemos considerar a toda la Biblia sagrada como un cielo grande y hermosísimo, adornado por el Espíritu de Dios con tanta variedad y magnificencia que parece imposible abrir los ojos sin que quede arrebatada la atención.
Manuel Lacunza

Ó

Obstáculos que nos impiden sacar provecho a la Palabra

«No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes».1
Bien si nos percatamos de ello, bien si no, existen fuerzas espirituales que constantemente procuran influir en nuestros pensamientos. El Diablo y sus secuaces no tienen el mismo poder que Dios y Sus ángeles, pero su existencia y su accionar son indudables. ¿Por qué se empeñan tanto en entrometerse en nuestros pensamientos? Es que si logran triunfar en el terreno de nuestra mente, pueden condicionar nuestra conducta.

1 Efesios 6:12, Reina Valera, revisión 1995.

En el mismo pasaje del versículo citado más arriba, el apóstol Pablo explica cómo puede uno mantenerse firme ante los embates del Diablo. Nos insta a ponernos toda la armadura espiritual de Dios. A continuación procede a describir dicha armadura estableciendo una analogía con la que llevaban los soldados romanos de su época. «Tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios».1
De las seis piezas de armadura que menciona, solamente una de ellas constituye un arma ofensiva: «la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios». ¿Cuál crees entonces que sería el objetivo primordial de tu Enemigo? ¡Desarmarte! Si consigue que depongas la espada, además de no suponer ya una amenaza para él y sus planes, te convertirás en presa fácil. Eso de por sí es suficiente motivo para sacarle el máximo de provecho a la lectura de la Palabra. ¡Nuestra vida espiritual depende de ello!
La Biblia también nos advierte que no debemos ser ignorantes de las estratagemas del Diablo.2 Hombre prevenido vale por dos. Si estamos al tanto de las tácticas predilectas del Demonio, nos resulta más fácil reconocerlas y contrarrestarlas cuando las emplea contra nosotros. ¡Y no te quepa duda de que lo hará! A continuación describimos cuatro de estos ardides, de los cuales hay que cuidarse:

1 Efesios 6:13–17.
2 Véase 2 Corintios 2:11.


Falta de concentración. Alguna vez terminaste de leer algo ¾un libro, artículo, informe o lo que fuera¾ y te diste cuenta de que no recordabas casi nada de lo que acababas de leer? Puede que ojearas cientos ¾o incluso miles¾ de palabras de texto y, sin embargo, nada quedara registrado en tu memoria porque no estabas concentrándote. Caso de tratarse de una revista o una novela, tal vez no te perdiste gran cosa; pero de haber sido la Palabra de Dios, sí que te habrías perdido algo importante.
El secreto para no caer en esta trampa del Diablo es orar antes de leer. Pide a Dios que te abra los ojos espirituales y te ayude a prestar atención. Ora que Sus verdades te calen hasta el alma y hagan carne en ti. Luego, mientras lees, esfuérzate por no distraerte. Disciplínate para pensar en lo que estás leyendo. A algunos les da resultado leer en voz alta, subrayar, señalar con un resaltador los puntos importantes a medida que leen o si no copiar los versículos clave en un cuaderno.
Si haces lo que puedes, te quedarás sorprendido de lo que el Señor te ayuda a extraer de la Palabra que leas.

Afanes y preocupaciones. No te sorprendas si cada vez que te pones a leer la Palabra un rato se te cruzan por el pensamiento un sinfín cosas que podrías estar haciendo en ese momento. Te pueden asaltar preocupaciones de toda índole: qué vas a preparar para la cena, tareas que tienes pendientes para el día siguiente, una llamada telefónica que te olvidaste de hacer más temprano o algún otro asunto postergado. En un abrir y cerrar de ojos te afanas con tantas otras cosas que te olvidas totalmente del tiempo que ibas a pasar con el Señor y leyendo Su Palabra. El Diablo te ha hecho caer en otra de sus trampas: la preocupación.
Naturalmente que muchas de esas otras cosas que te vienen al pensamiento son importantes y hay que atenderlas. Pero no mientras lees la Palabra. Ten a mano un bloc y un lápiz para anotar todo lo que te venga a la cabeza. Así no te preocuparás de que se te vaya a olvidar y estarás libre para concentrarte de lleno en la lectura de la Palabra.

Escepticismo. En esta era de ciencia y tecnología, para muchos hay que ver para creer. Hasta que algo no se pruebe científicamente, para ellos no es verdad. La fe, sin embargo, funciona exactamente al revés. Cuando se tiene fe, se cree para luego ver. Es necesario primero aceptar las cosas por fe, simplemente porque Dios lo dice. Luego se entiende o se ve. Ese es precisamente el principio al que aludía San Agustín (354–430 d.C.) cuando dijo: «El entendimiento es la recompensa de la fe. No procures, por tanto, entender para creer, sino creer a fin de entender».
¿De dónde, pues, nace la fe o cómo se origina? La Biblia nos dice que la fe viene por oír la Palabra de Dios.1 Oír en este caso no se circunscribe a escuchar la Palabra, sino que tiene un sentido más amplio de leerla, aceptarla, absorberla y dejar que se convierta en parte de nuestro ser. Cuanto más arraigo tiene la Palabra en nosotros, más aumenta nuestra fe.

1 Romanos 10:17.

Lo que ocurre es que algunas personas no obtienen fe porque no leen la Palabra con la mentalidad o estado de ánimo indicados. Los que abordan la lectura con escepticismo hallan defectos y no fe. No se hacen cargo de que el causante de sus dudas es el Diablo. La duda y la incredulidad es una treta que Satanás viene empleando desde el principio mismo, cuando en el Paraíso tentó a Eva para que comiera del fruto prohibido. Para conseguir que desobedeciera a Dios, primero tuvo que lograr que dudara de Su Palabra. De modo que le planteó algo en apariencia de lo más inocente: «¡Conque Dios ha dicho!...»1 ¡No vayas a caer tú en la misma trampa!

Actitudes mundanas contrarias a los principios divinos. ¿Has notado que las sociedades presuntamente más progresistas de los países desarrollados han llegado a considerar que pueden prescindir de Dios? Cada vez más, desde los libros de texto de los colegios hasta el cine, hacen de Dios objeto de burlas y escepticismo. En muchas ocasiones tildan de fanáticos religiosos o de excéntricos a quienes se toman la Palabra de Dios al pie de la letra y procuran configurar su vida conforme a ella. Así y todo, el simple hecho de que los escarnecedores conformen la mayoría no les concede la razón. Jesús dijo: «Ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan».2 No dejes que la incredulidad y malas actitudes de otras personas te impidan hallar esa puerta estrecha y avanzar por ese angosto camino.

1 Génesis 3:1–6.
2 Mateo 7:13–14.


+ + +
Voz [JN2] de Dios,
Voz amable
que nos encanta,
que enigmas abre.

Voz sincera
que trae verdades,
verdades simples
que nos persuaden.

Voz de ángeles
que nos indica
lo que un versículo
significa.

Voz de Jesús,
Amigo íntimo,
siempre tan dulce,
siempre solícito.

Voz de la Biblia,
Voz extasiante
que de Dios nos hace
participantes.
Gabriel García V.

Ó

La Biblia es un compendio de Palabras de vida. Cuando me siento anímicamente abatida o cansada, o el Diablo trata de desalentarme, o me faltan las fuerzas, en la Palabra de Dios encuentro renovado vigor y bendición.
Qué distinto sería el mundo y cuántos problemas se resolverían si quienes se encuentran atribulados o descorazonados tomaran conciencia de que en la Biblia hallarían la ayuda y el consuelo que necesitan. Sin duda haría una diferencia como de la noche al día que las naciones vivieran con arreglo a los preceptos bíblicos.
La lectura de la Palabra de Dios ha transformado incontables vidas. Algunas de ellas se remontaron de la sima de la desesperación hasta el pináculo de la gloria. No cabe duda que la Palabra de Dios lleva en sí vida y poder.
Algunas personas lo saben, pero aun así no se dan a la tarea de leerla. Luego no aciertan a entender por qué les faltan las fuerzas y la gracia para vivir cristianamente. Conceden tiempo e importancia a todo lo demás; en cambio a la lectura que les habría proporcionado un bello día y habría resuelto muchos de sus problemas, apenas si dedican unos míseros minutos.
V.B.B.

Ó

La Biblia expresa el pensamiento de Dios, revela la naturaleza humana, señala el camino de la salvación y representa la felicidad del creyente. Su doctrina es sagrada; sus preceptos, vinculantes; su historia, verdadera; sus decisiones, inmutables. Léela para obtener sabiduría, créela para obrar con prudencia, practícala para santificarte. Alumbrará tu camino y te guiará; será para ti sustento y alimento; te consolará y te reanimará. Constituye el mapa del viajero, el bastón del peregrino, la espada del soldado, la integridad moral del cristiano. En sus letras se abre el Cielo y se descubren las puertas del Infierno. Cristo es su contenido y la gloria de Dios su fin. Para el alma es mina de oro, fuente de bienestar y río de placer. Se nos brinda ahora en esta vida y se abrirá en el Día del Juicio. Permanecerá para siempre.

Ó

«Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará».1 Al verter sus impresiones sobre esa profecía acerca de los días que precederían el inminente regreso de Jesús, Sir Isaac Newton [1642-1727] escribió que de ser cierta, tendría que inventarse un nuevo medio de transporte. Argumentó que la ciencia se aumentaría de tal forma que el hombre llegaría a viajar a velocidades de ochenta kilómetros por hora.
Unos años después el célebre filósofo francés y escéptico declarado Francois Voltaire comentó: «Considerad la lucidez mental de Newton, que descubrió la ley de la gravedad; pero luego se puso a estudiar el libro que llaman la Biblia. Según parece, a fin de dar crédito a las disparatadas insensateces de esta, se convenció de que la ciencia aumentará de tal forma que podremos viajar a razón de ochenta kilómetros por hora. ¡Pobre hombre, se ha puesto senil!»
Hoy en día, hasta un escéptico reconocería que Newton fue un sabio filósofo y Voltaire un viejo chocho.

1 Daniel 12:4.

Vivir la Palabra

Para madurar en la vida cristiana es necesario poner en práctica la Palabra. Es decir, dar crédito a lo que Dios dice y obedecerlo. «Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis».1
Cuando leas acerca del amor y la consideración que manifestaba Cristo a cuantos lo rodeaban, pídele que te ayude a parecerte más a Él en ese aspecto, y lo hará.
Cuando leas que Jesús servía humildemente a quienes procuraba conducir al Reino de los Cielos y les decía: «Ejemplo os he dado para que como Yo os he hecho vosotros también hagáis»,2 considera que esas palabras están dirigidas a ti. Hazte siervo de todos y serás grande a Sus ojos.3
Cuando leas: «Cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de Él, porque guardamos Sus mandamientos y hacemos las cosas que son agradables delante de Él»,4 haz todo lo que puedas por obedecer y complacer al Señor, que responderá tus oraciones de forma prodigiosa.

1Juan 13:17.
2 Juan 13:15.
3 Marcos 10:42–44.
4 1 Juan 3:22.


Cuando leas que es más bienaventurado dar que recibir,1 entrégate a los demás y comparte tus bienes materiales con los que padezcan necesidad. Verás que Dios te lo devuelve con creces.
Cuando Jesús dice: «Como me envió el Padre, así también Yo os envío»,3 permite a Dios que se valga de ti para hacer llegar a los demás las Buenas Nuevas de la Salvación por medio de Jesús, y lo verás transformar vidas delante de tus ojos.

1 Hechos 20:35.
2 Lucas 6:38.
3 Juan 20:21.


«Sed hacedores de la Palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la Palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace».
Santiago 1:22–25

Ó

Puedes leer toda la Palabra que quieras, pero si no cobra vida por medio del Espíritu, no sirve de nada. Aunque seas capaz de citarla textualmente, tal cual aparece en la Biblia, si no la vives, no cumple ningún propósito.
María David

Ó

(Mensaje de Jesús:) A lo largo de los tiempos he hablado muchas Palabras a Mis hijos. Les he revelado verdades, verdades y más verdades. Les he comunicado numerosas revelaciones por medio de Mis Palabras. A ellos les corresponde decidir aceptarlas, creerlas y cumplirlas. Quienes lo hacen, maduran y prosperan; quienes no, quedan a la vera del camino y su fruto es escaso.1 Hay muchos hoy en día que creen Mis Palabras y, sin embargo, no aceptan todo lo que digo. Acometen ciertas cosas, pero no puedo valerme de ellos al máximo, porque no aceptan todo lo que doy ni todo lo que he dado ni todo lo que aún daré.
La decisión es de ellos. Paralelamente, a cada uno de vosotros os presento esa misma decisión: o seguís adelante aceptando y creyendo las Palabras que os hablo, u os quedáis en la altiplanicie a la que habéis arribado. Esa es siempre la disyuntiva que se les plantea a Mis hijos: seguir ascendiendo o conformarse con quedarse donde están. Si optan por conformarse, me valgo de ellos en la altiplanicie y llevan fruto allí. Mas los que decidan seguir escalando la montaña alcanzarán nuevas cotas y obtendrán las bendiciones y los frutos que se encuentran más arriba en la ladera.

1 Mateo 13:3–9, 18–23.

Estas son las Palabras que he entregado y esa es la disyuntiva que os pongo delante: ¿venís a Mí con corazón abierto o cerrado? Tras escalar hasta donde estáis, ¿decidís no seguir ascendiendo? ¿O tenéis la fe para escalar a alturas mayores? Esto os pido que decidáis. Escudriñad vuestro corazón.
Sabed que amo a los que se detienen en la altiplanicie y amo también a los que siguen escalando. Mas estos últimos llegarán más alto y accederán a lo que está más arriba subiendo por la pendiente. Cada uno debe decidir.

Ó
El libro es arrobador porque conozco a su Autor
Había una vez una joven que leyó cierto libro y luego de terminarlo declaró a una amiga que era el libro más insulso que había leído en su vida. Al poco tiempo conoció a un joven con el que, al cabo del tiempo, estableció una amistad que fue derivando en amor.
Una tarde, en que estaba de visita en casa de su prometido, ella le dijo:
¾Tengo un libro en mi biblioteca cuyo escritor se llama igual que tú. Qué coincidencia, ¿verdad?
¾No tanto ¾repuso él¾; ese libro lo escribí yo.
La joven se quedó despierta hasta la madrugada releyéndolo. Al terminarlo, se convenció de que era la obra más apasionante que había leído en la vida. ¿Qué motivó tan marcado cambio en ella? Que esta vez conocía y amaba al autor.
Dr. Howard W. Pope, adaptado

¡Divulga la Palabra!

Para que la Palabra cobre realmente vida para ti, transmítela a los demás. Al ver la Palabra actuar en otras personas y transformar su vida como transformó la tuya, y ver al Señor manifestarse en ellas como se manifestó en ti, tu fe crecerá aún más.
Es posible que al leer la Palabra y aplicarla a tu situación particular no te hagas cargo del efecto que está teniendo en ti ni de cuánto estás aprendiendo. No obstante, cuando comiences a emplearla para ayudar a los demás a resolver sus problemas y los conduzcas a Aquel que tiene todas las soluciones ¾Jesús¾, te asombrarás de la sabiduría y el discernimiento que has obtenido de ella. Pídele que por medio del Espíritu Santo te traiga a la memoria los pasajes que más los beneficien.1

1 Juan 14:26.

La clave para transmitir eficazmente la fe es mantener una relación estrecha con Jesús. Esta se consigue pasando tiempo con Él en oración, llenándose de la Palabra y haciendo todo lo que se pueda por obedecerla y por complacer al Señor. «El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; [...] porque de la abundancia del corazón habla la boca».1 Si te llenas primero el corazón, no tendrás dificultad para saber qué decir. Cuanta más Palabra asimiles, más fácil y natural te resultará divulgarla a los demás.
Si de entrada tienes un poco de timidez o vergüenza para hablar de la Palabra, es recomendable invocar la siguiente promesa: «Hablaré de Tus testimonios [...] y no me avergonzaré».2 Simplemente ora pidiendo ayuda al Señor y lánzate. Echa mano del poder del Espíritu Santo.3 Habla a los demás de Jesús y de Su Palabra, y verás los portentos que obra. El ejercicio hace maestro al novicio, y cuanto más veas obrar al Señor más fácil te resultará.
Cuando los demás noten que divulgas la Palabra y vean el efecto tan grande que ha tenido en tu vida y en la de ellos, querrán hacer lo mismo. Pronto ellos también difundirán la Palabra de Dios entre sus allegados y todos formarán parte de una reacción en cadena que se inició cuando Jesús encomendó a Sus primeros discípulos que fueran por todo el mundo y predicaran el Evangelio a toda criatura.4 Él se propone ganar el mundo con Su amor, corazón a corazón. Y Su plan es sencillo: enseñar a otros para que a su vez enseñen a otros. «Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros».5

1 Lucas 6:45.
2 Salmo 119:46.
3 Hechos 1:8.
4 Marcos 16:15.
5 2 Timoteo 2:2.

«El que saciare también será saciado».1 En la medida en que repartes lo que Dios te ha entregado a ti, Él te dará más. No hay que olvidar lo que dice la primera mitad de ese mismo versículo: «El alma generosa será prosperada». Cuanto más divulgues la Palabra, más bendiciones obtendrás, tanto ahora en la Tierra como después cuando llegues al Cielo. Jesús te bendecirá con una relación más estrecha e íntima con Él. En el Cielo tendrás un brillo singular y las personas a quienes hayas conducido a Jesús te estarán eternamente agradecidas. Él nos ha prometido: «Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad».2
Por medio de Su Palabra, Dios te ha concedido los dones de la vida, el amor y la verdad y te ha revelado el secreto para satisfacer todas tus necesidades; pero no es intención Suya que se quede en eso. «De gracia recibisteis, dad de gracia».3 ¡Pásalo a otros!

1 Proverbios 11:25.
2 Daniel 12:3.
3 Mateo 10:8.

Para reflexionar…
La Biblia [...] es sagrada colección conservada bajo el nombre de Libro de los libros y en la cual se contiene el sistema doctrinal, moral y religioso relativamente más profundo y popular e inteligible que en la historia de la humanidad ha aparecido.
Francisco Giner de los Ríos

Ó

El hombre precisa un patrón por el cual regir su vida. Eso precisamente nos ha legado Dios. Si no sabes qué hacer, si no logras discernir qué es lo correcto, busca en la Biblia, que despeja todos los caminos. Deja que ella rija tu corazón y guíe tus pasos.
V.B.B.
Ó

Las soluciones que encontramos en la Palabra no son inmediatas ni sencillas, pero son las únicas verdaderas.

Ó

La Biblia hay que creerla e interpretarla en el sentido más claro y evidente de sus pasajes; pues no concibo que el verdadero significado de un Libro cuya finalidad es instruir y convertir al mundo entero quede velado entre enigmas y misterios de exclusivo acceso a críticos y filósofos.
Daniel Webster

Ó

Algunos lo critican todo. Otros todo lo aceptan. El hombre prudente lo sopesa todo con la Palabra de Dios.

Ó

Biblia, mi noble Biblia, panorama estupendo,
en donde se quedaron mis ojos largamente,
tienes sobre los Salmos las lavas más ardientes
y en su río de fuego mi corazón enciendo.
Gabriela Mistral

Ó

Leer la Palabra sin reflexionar en ella equivale a comer sin digerir.

Ó

La diferencia no reside en cuántas pasadas le ha dado uno a la Biblia, sino en cuántas veces y con qué efecto la Biblia ha pasado por uno.
Gypsy Smith

Ó

La Palabra es la clave de la fortaleza espiritual, de la victoria, la superación, la productividad, la pasión, la vida, la luz. En suma, es la clave de todo.
D.B.B.

Ó

Aunque no entiendas todo lo que dice la Palabra, puedes obedecer lo que sí entiendas.

Ó

Además de la purificación que se obra en nosotros de una vez y para siempre al momento de salvarnos, necesitamos que la Palabra nos purifique todos los días de nuestros pecados de.1

Ó

Si queremos que nos entre la Palabra, debemos primero adentrarnos en ella.

Ó

La Palabra nos encuentra en el lugar en que estamos, y con nuestro permiso nos llevará al lugar donde debemos estar.

Ó

Se cree en la Palabra de Dios en la medida en que se la obedece.

Ó

Los hombres no rechazan la Biblia porque contiene contradicciones, sino porque los contradice a ellos.

1 Salmo 119:9; Juan 15:3; Efesios 5:25–26.

Apéndice

¿Qué es la Biblia?

La palabra Biblia tiene su origen en el vocablo griego biblion, que significa libro. La Escritura es, sin embargo, mucho más que un simple libro. Constituye la Palabra de Dios y el fundamento de la fe y vida cristianas. Nos enseña a Dios, nos revela Su designio para el hombre y contiene verdades e instrucciones sin parangón. Pero es más que eso. Sus palabras son espíritu y son vida.1 Por medio de ellas podemos participar de la naturaleza divina, asemejarnos más a Dios y a Jesús.2
La Biblia es en realidad una colección de libros ¾66 en total¾. Estos registran los mensajes que Dios comunicó a unas cuarenta personas a las cuales eligió portavoces Suyos. Si bien fue registrada por seres humanos, Dios mismo es el Autor.3
La Palabra «se hizo carne» en Jesucristo.4

1 Juan 6:63.
2 2 Pedro 1:4.
3 2 Timoteo 3:16; 1 Tesalonicenses 2:13; Hebreos 1:1–2; 2 Pedro 1:21.
4 Juan 1:14.


La Biblia consta de dos grandes divisiones: el Antiguo y el Nuevo Testamento. (Testamento en este caso tiene la acepción de pacto, alianza o acuerdo. De modo que ambos Testamentos pueden considerarse como el antiguo y el nuevo acuerdo o compromiso entre Dios y el hombre.)
Es muy difícil precisar a ciencia cierta de qué año datan los primeros manuscritos de los 39 libros del Antiguo Testamento, pero en general los estudiosos coinciden en que se escribieron en el transcurso de un período de mil años, que abarca desde el siglo XIV al siglo IV a. de C. Se redactaron en hebreo, a excepción de algunos pasajes escritos en arameo. El Antiguo Testamento allanó el camino del Nuevo, que partió con la venida de Jesús.
Los 27 libros del Nuevo Testamento se escribieron en griego, a lo largo de un periodo de cien años aproximadamente. Narran la vida y el ministerio de Jesús y la expansión de la iglesia primitiva. Asimismo, delinean los preceptos elementales de la fe cristiana.
En el Antiguo Pacto o Testamento, Dios prometió bendecir a los israelitas siempre que estos lo adoraran a Él y sólo a Él, y se rigieran por la Ley que comunicó a Moisés alrededor del año 1300 a. de C. Jesús inauguró el Nuevo Pacto anunciándolo a Sus discípulos durante la Última Cena, la noche antes de su muerte. Mientras pasaba la copa de vino de la que beberían todos, les señaló que aquel vino simbolizaba el nuevo pacto en Su sangre, que por ellos se derramaría.1

1 Lucas 22:20. Véase también Juan 1:17.


Más de 600 años antes del nacimiento de Jesús, el profeta Jeremías previó el día en que Dios establecería una nueva alianza con Su pueblo. Según ese nuevo pacto, Dios escribiría Sus leyes en el corazón de la gente en vez de esculpirlas en tablas de piedra.1 Jesús anunció que el segundo pacto sería el cumplimiento de lo prometido por Dios en la primera alianza.2
El orden de los libros del Antiguo Testamento en la Biblia cristiana lo heredamos de la traducción griega del mismo, a la cual se denomina Septuaginta o Versión de los Setenta, que se remonta a la era precristiana. Consta de cuatro divisiones: los libros históricos (los cinco libros de Moisés [a los que también se conoce por el nombre de Pentateuco]); otros doce libros históricos (desde Josué hasta Ester); los libros poéticos o sapienciales (desde Job hasta el Cantar de los Cantares); y los profetas (desde Isaías hasta Malaquías). En general, siguen un orden cronológico, aunque algunos de ellos se superponen.
El Nuevo Testamento se compone de cinco libros narrativos: los cuatro Evangelios y los Hechos de los Apóstoles. Los Evangelios son un recuento del ministerio, muerte y resurrección de Jesús. El libro de los Hechos da cuenta de algunos de los principales acontecimientos relacionados con la Iglesia primitiva registrados a lo largo de los treinta años siguientes a la muerte de Jesús y constituye un breve epílogo o prolongación de los Evangelios.
Luego de la narrativa histórica aparecen veintiuna cartas o epístolas. La autoría de trece de ellas evidentemente se atribuye al apóstol Pablo, mientras que las ocho restantes son obra de otros apóstoles o de personas estrechamente vinculadas a ellos. En el último libro del Nuevo Testamento, el Apocalipsis, el apóstol Juan describe una serie de visiones proféticas del Tiempo del Fin y del retorno triunfante de Cristo.
La primera alusión bíblica a consignar unas palabras por escrito tiene lugar cuando Dios instruye a Moisés: «Escribe esto para memoria en un libro».3 Hasta entonces los relatos de los patriarcas registrados en el Génesis se habían transmitido verbalmente de generación en generación. Los mensajes de los profetas se entregaron por vía oral antes que se tomase nota de ello por escrito. Las narraciones de la vida y ministerio de Jesús se difundieron de boca en boca durante años antes que las anotara persona alguna. Jamás se ha descubierto ninguno de los manuscritos originales de los libros de la Biblia, aunque sí se han encontrado numerosas copias antiguas, entre ellas copias múltiples de los mismos pasajes. En estas se basan las traducciones de la Biblia con que contamos hoy en día.

1 Jeremías 31:31–34.
2 Mateo 5:17.
3 Éxodo 17:14.

Sinopsis de los libros de la Biblia

Los 66 libros de la Biblia fueron redactados por unos 40 hombres a lo largo de 1500 años aprox. (que abarcaron desde el siglo XIV a.C. hasta el siglo I d.C.). El siguiente esquema indica el orden en que están dispuestos en la Biblia.

El Antiguo Testamento consta de 39 libros escritos durante un periodo de mil años (del siglo XIV al IV a.C.)
Libros históricos
El Pentateuco, al que también se conoce como la Torá, los libros de Moisés o el Libro de la Ley.)
Génesis
Éxodo
Levítico
Números
Deuteronomio
Los otros libros históricos
Josué
Jueces
Rut
I Samuel
II Samuel
I Reyes
II Reyes
I Crónicas
II Crónicas
Esdras
Nehemías
Ester

Libros poéticos o sapienciales
18. Job
19. Salmos
20. Proverbios
21. Eclesiastés
22. Cantar de los cantares

Libros proféticos
Profetas mayores
23. Isaías
24. Jeremías
25. Lamentaciones
26. Ezequiel
27. Daniel
Profetas menores
28. Oseas
29. Joel
30. Amós
31. Abdías
32. Jonás
33. Miqueas
34. Nahum
35. Habacuc
36. Sofonías
37. Hageo
38. Zacarías
39. Malaquías

EL NUEVO TESTAMENTO: 27 libros (escritos en el siglo I después de Cristo)

Libros narrativos
Los Evangelios
1. Mateo.
2. Marcos
3. Lucas
4. Juan
Libro histórico
5. Hechos de los Apóstoles
Las Epístolas
6. Romanos
7. I Corintios
8. II Corintios
9. Gálatas
10. Efesios
11. Filipenses
12. Colosenses
13. I Tesalonicenses
14. II Tesalonicenses
15. I Timoteo
16. II Timoteo
17. Tito
18. Filemón
19. Hebreos
20. Santiago
21. I Pedro
22. II Pedro
23. I Juan
24. II Juan
25. III Juan
26. Judas

Libro profético
27. Apocalipsis.



Muestrario de preciosas promesas

A continuación transcribimos unas pocas de las innumerables promesas que Dios te hace personalmente. Hay cientos de promesas más que abordan de forma directa o indirecta todos los problemas que se puedan presentar en la vida. Estudiando la Biblia encontrarás muchas más. Señálalas o toma nota de ellas para que las tengas a mano cuando las necesites.
Recuerda que las promesas de Dios se asemejan a contratos. La mayoría exigen el cumplimiento de ciertas condiciones. Tómate un momento para reflexionar en cada una tomando en cuenta lo que Dios se compromete a hacer y el compromiso que exige de tu parte. (Con el objeto de hacer hincapié en la promesa, no presentamos a continuación sino las partes más pertinentes de ciertos versículos.)


La Salvación es eterna
«El que cree en el Hijo tiene vida eterna» (Juan 3:36).

«Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí; y al que a Mí viene, no le echo fuera» (Juan 6:37).

«Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá» (Juan 11:25).

«Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa» (Hechos 16:31).

El Espíritu Santo
«Si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?» (Lucas 11:13).

«Os conviene que Yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador [el Espíritu Santo] no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré» (Juan 16:7).

«En los postreros días ¾dice Dios¾ derramaré de Mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños» (Hechos 2:17).


Respuestas a la oración
«Clama a Mí, y Yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces» (Jeremías 33:3).

«Si permanecéis en Mí, y Mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho» (Juan 15:7).

«Esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a Su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho» (1 Juan 5:14–15).

El amor de Dios
«Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 8:38-39).

«Acercaos a Dios y Él se acercará a vosotros» (Santiago 4:8).

«Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor» (1 Juan 4:7–8).

«En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros, y envió a Su Hijo en propiciación [sacrificio redentor] por nuestros pecados» (1 Juan 4:10).


Superar defectos
«Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17).

«Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13).

«Les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne» (Ezequiel 11:19).

Generosidad
«Cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público» (Mateo 6:3–4).

«Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir» (Lucas 6:38).

«Más bienaventurado es dar que recibir» (Hechos 20:35).

Premios por hacer la voluntad de Dios
«Vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz del Señor tu Dios» (Deuteronomio 28:2).

«Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra» (Isaías 1:19).

«Si guardareis Mis mandamientos, permaneceréis en Mi amor; así como Yo he guardado los mandamientos de Mi Padre, y permanezco en Su amor» (Juan 15:10).

Poder y fortaleza espirituales
«Los ojos del Señor contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto [leal] para con Él» (2 Crónicas 16:9).

«Bienaventurado el hombre que tiene en Ti sus fuerzas [...] Irá de poder en poder» (Salmo 84:5, 7).

«Los que esperan al Señor tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán» (Isaías 40:31).

Protección
«El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen, y los defiende» (Salmo 34:7).

«Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones» (Salmo 46:1).

«Cuando pases por las aguas, Yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti» (Isaías 43:2).

Provisión
«No negará ningún bien a los que andan en integridad» (Salmo 84:11).

«Buscad primeramente el Reino de Dios y Su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mateo 6:33).

«Cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de Él, porque guardamos Sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de Él» (1 Juan 3:22).

Fuerzas para resistir las tentaciones
«No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar» (1 Corintios 10:13).

«En cuanto Él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados» (Hebreos 2:18).

«Sabe el Señor librar de tentación a los piadosos» (2 Pedro 2:9).

Auxilio en la tribulación
«Este pobre clamó, y le oyó el Señor, y lo libró de todas sus angustias» (Salmo 34:6).

«Invócame en el día de la angustia; te libraré y tú me honrarás» (Salmo 50:15).

«Por cuanto en Mí ha puesto su amor, Yo también lo libraré; le pondré en alto, por cuanto ha conocido Mi nombre. Me invocará, y Yo le responderé; con él estaré Yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré» (Salmo 91:14-15).

Consuelo
«Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu» (Salmo 34:18).

«Ella [la Palabra ]es mi consuelo en mi aflicción, porque Tu dicho me ha vivificado» (Salmo 119:50).

«No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros» (Juan 14:18).

Curación
«Envió Su palabra, y los sanó, y los libró de su ruina» (Salmo 107:20).

«A vosotros los que teméis Mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá curación» (Malaquías 4:2).

«Confesaos vuestras faltas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz y fervorosa del justo puede mucho» (Santiago 5:16).

Liberación del temor
«Busqué al Señor, y Él me oyó, y me libró de todos mis temores» (Salmo 34:4).

«Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en Ti persevera; porque en Ti ha confiado» (Isaías 26:3).

«En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor» (1 Juan 4:18).


Las parábolas de Jesús

Amigo a medianoche, El: Lucas 11:5–8.
Buen Pastor, El: Juan 10:1–16.
Buen samaritano, El: Lucas 10:30–37.
Crecimiento de la semilla, El: Marcos 4:26–29.
Diez minas, Las: Lucas 19:11–27.
Diez vírgenes: Mateo 25:1–13.
Dos cimientos, Los: Mateo 7:24–27; Lucas 6:47–49.
Dos deudores, Los: Lucas 7:41–47.
Dos hijos, Los: Mateo 21:28–32.
Fariseo y el publicano, El: Lucas 18:9–14.
Fiesta de bodas, La: Mateo 22:1–14.
Gran cena, La: Lucas 14:15–24.
Higuera cuyas hojas brotan, La: Mateo 24:32; Marcos 13:28–29.
Higuera estéril, La: Lucas 13:6–9.
Hijo pródigo, El: Lucas 15:11–32.
Labradores malvados, Los: Mateo 21:33–44; Marcos 12:1–12; Lucas 20:9–18.
Levadura La: Mateo 13:33; Lucas 13:20–21.
Mayordomo infiel, El: Lucas 16:1–9.
Moneda perdida, La: Lucas 15:8–10.
Obreros de la viña, Los: Mateo 20:1–16.
Oveja perdida, La: Mateo 18:12–14; Lucas 15:3–7.
Perla de gran precio, La: Mateo 13:45–46.
Red, La : Mateo 13:47–50.
Rico insensato, El: Lucas 12:16–21.
Rico y Lázaro, El: Lucas 16:19–31.
Sembrador, El: Mateo 13:3–9, 18–23; Marcos 4:14–20; Lucas 8:5–8, 11–15.
Semilla de mostaza, La: Mateo 13:31–32; Marcos 4:30–32; Lucas 13:18–19.
Señor de la casa que se fue lejos, El: Marcos 13:34–37.
Siervo infiel, El: Mateo 18:23–35.
Siervo vigilante, El: Lucas 12:35–40.
Talentos, Los: Mateo 25:14–30.
Tesoro escondido, El: Mateo 13:44.
Trigo y la cizaña, El: Mateo 13:24–30, 36–43.
Vid verdadera, La: Juan 15:1–6.
Viuda importuna (insistente), La: Lucas 18:1–8.

Profecías bíblicas cumplidas

La Biblia contiene cientos de profecías específicas acerca de personas, naciones, lugares, tiempos y acontecimientos que se cumplieron hasta el más mínimo detalle. Algunas, cobraron realidad inmediatamente; otras tomaron cientos de años. Pero cada una de ellas se consumó tal y como Dios predijo. Se hallan asimismo en la Biblia muchas otras profecías que aún no se han plasmado en hechos, pero que a su tiempo lo harán con la misma exactitud. «Yo el Señor hablaré, y se cumplirá la palabra que Yo hable [...] hablaré palabra y la cumpliré».1
Enumeramos enseguida sesenta de las más importantes profecías bíblicas cumplidas hasta la fecha. Las hemos clasificado en dos grupos: las que cumplió Jesús y las que tuvieron que ver con otros personajes y acontecimientos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.
En ambas categorías las predicciones están agrupadas por orden cronológico, según la fecha en que se cumplieron. El cumplimiento de algunas no consta en la Biblia, pero ha sido bien documentado por la Historia. En esos casos se hace referencia a los acontecimientos y las fechas en que se produjeron. Los historiadores no coinciden totalmente en cuanto a las fechas exactas en que tuvieron lugar esos acontecimientos, por lo cual las fechas que indicamos podrían diferir de las que aparecen en las notas al margen de tu Biblia o de algún otro material de referencia.
Algunas profecías se cumplieron en más de una oportunidad, como por ejemplo, la de la conversión de los gentiles. En esos casos, las referencias enumeradas a continuación son a modo de ejemplo.

1 Ezequiel 12:25.

Profecías cumplidas por Jesús
Jesús nace de una virgen: Isaías 7:14 (c. 742 a. de C.). Cumplida: Mateo 1:22-23; Lucas 1:26-35 (4 a. de C.).
Jesús nace en Belén: Miqueas 5:2 (710 a. de C.). Cumplida: Mateo 2:1; Lucas 2:1-7 (4 a. de C.).
Jesús, el Mesías, sale de Egipto: Oseas 11:1 (c. 740 a. de C.). Cumplida: Mateo 21:2-10 (30 d. de C.).
El ministerio de Jesús en Galilea: Isaías 9:1-2 (c. 740 a. de C.). Cumplida: Mateo 4:12-16 (27 d. de C.).
Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén: Zacarías 9:9 (c. 487 a. de C.). Cumplida: Mateo 21:2-10 (30 d. de C.).
Jesús es objeto de odio sin causa: Salmo 69:4 (c. 980 a. de C.). Cumplida: Juan 15:23-25 (30 d. de C.).
Falsos testigos acusan a Jesús: Salmo 27:12 (c. 980 a. de C.). Cumplida: Mateo 26:60-61 (30 d. de C.).
Golpean y escupen a Jesús: Isaías 50:6 (c. 712 a. de C.). Cumplida: Marcos 14:65; Juan 18:22; 19:2-3 (30 d. de C.).
Jesús, sometido a un juicio en el que está en juego su vida, y no presenta ninguna defensa verbal: Isaías 53:7 (c. 712 a. de C.) Cumplida: Juan 19:6-9 (30 d. de C.)
Año exacto de la crucifixión de Cristo: Daniel 9:25. (La palabra hebrea shabua, traducida por semana o hebdómada en algunas versiones de la Biblia, en realidad significa «conjunto de siete», en este caso, siete años. [Véase también Génesis 19:27.] De modo que 69 semanas equivalen a 483 años.) (c. 538 a. de C.) Cumplida: En 453 a. de C., Artajerjes Longimano, rey del imperio persa, dio permiso a los judíos «para restaurar y edificar a Jerusalén». A Jesús se le «quitó la vida» en el año 30 d. de C., es decir, 483 años más tarde.
Los verdugos de Jesús echan suertes para quedarse con Sus prendas: Salmo 22:18 (c. 980 a. de C.). Cumplida: Juan 19:23-24 (30 d. de C.).
Jesús muere, no por haber cometido un delito, sino por los pecados de la humanidad: Isaías 53:8-12 (c. 712 a. de C.). Cumplida: Juan 18:38; 19:30 (30 d. de C.). (Véase también 1 Pedro 3:18.)
Le dan hiel y vinagre: Salmo 69:21 (c. 980 a. de C.). Cumplida: Mateo 27:34; Juan 19:29 (30 d. de C.).
Le atraviesan las manos y los pies: Salmo 22:16 (c. 980 a. de C.). Cumplida: Mateo 27:34; Juan 19:29 (30 d. de C.).
Lo crucifican con delincuentes comunes: Isaías 53:12 (c. 712 a. de C.). Cumplida: Lucas 23:32-33 (30 d. de C.).
Jesús es objeto de burlas en la cruz: Salmo 22:7-8; 109:25 (c. 980 a. de C.). Cumplida: Mateo 27:39-44 (30 d. de C.).
No le quiebran un solo hueso: Salmo 22:17; 34:20 (c. 980 a. de C.). Cumplida: Juan 19:31-33, 36 (30 d. de C.). (Véase también Éxodo 12:46 y Juan 1:29.)
Le atraviesan el costado en la crucifixión: Zacarías 12:10 (487 a. de C.). Cumplida: Juan 19:34, 37 (30 d. de C.).
Es sepultado en la tumba de un rico: Isaías 53:9 (c. 712 a. de C.). Cumplida: Mateo 27:57-60 (30 d. de C.).
Jesús resucita: Salmo 16:10 (c. 980 a. de C.); Mateo 16:21 (29 d. de C.); Lucas 18:31-33 (30 d. de C.). Cumplida: Mateo 28:1-10; Lucas 24:1-7; 1 Corintios 15:3-8 (30 d. de C.).
Ascensión de Cristo: Salmo 68:18 (c. 980 a. de C.). Cumplida: Lucas 24:50-51; Hechos 1:9 (30 d. de C.).

Otras profecías cumplidas
Sara concibe y da a luz a Isaac siendo ya anciana: Génesis 17:15-19; 18-10, 14 (c. 1898 a. de C.). Cumplida: Génesis 21:1-3 (c. 1897 a. de C.)
Abraham se convertiría en el padre de todas las naciones: Génesis 22:15-18 (c. 1872 a. de C.). Cumplida: De Isaac, hijo de Abraham, descendieron los judíos; y de Ismael ¾también hijo de Abraham¾, los árabes.
José interpreta acertadamente los sueños del mayordomo y el panadero del faraón: Génesis 40:1-19 (c. 1720 a. de C.). Cumplida: Génesis 40:20-22 (tres días más tarde).
José interpreta acertadamente el sueño del faraón sobre las vacas y las espigas de trigo: Génesis 41:25-32 (1715 a. de C.). Cumplida: Génesis 41:53-54 (1715-1701 a. de C.).
José gobierna sobre sus padres y hermanos: Génesis 37:5-10 (c. 1729 a. de C.). Cumplida: Génesis 45 (1707 a. de C.).
División de las doce tribus de Israel entre los reinos de Judá e Israel: 1 Reyes 11:30-37 (c. 992 a. de C.). Cumplida: 1 Reyes 12:20 (975 a. de C.).
Una maldición recae sobre el hombre que reconstruyó los muros de Jericó: Josué 6:26 (c. 1451 a. de C.). Cumplida: 1 Reyes 16:34 (c. 930 a. de C.).
Sequía: 1 Reyes 17:1 (c. 910 a. de C.). Cumplida: 1 Reyes 17:7 (c. 910 a. de C.).
Provisión milagrosa para Elías y la viuda de Sarepta en época de hambre: 1 Reyes 17:9-14 (c. 910 a. de C.). Cumplida: 1 Reyes 17:15-16 (c. 910 a. de C.).
Final de la sequía: 1 Reyes 18:1 (c. 906 a. de C.). Cumplida: 1 Reyes 18:43-45 (c. 906 a. de C.).
Destrucción del ejército de Ben-adad: 1 Reyes 20:13-14 (901 a. de C.). Cumplida: 1 Reyes 20:15-30 (901 a. de C.).
Muerte del hombre que se negó a golpear a un profeta: 1 Reyes 20:35-36 (901 a. de C.). Cumplida: 1 Reyes 20:36 (901 a. de C.).
Muerte del rey Acab: 1 Reyes 20:42 (899 a. de C.); 21:18-24 (901 a. de C.). Cumplida: 1 Reyes 22:31-38 (897 a. de C.).
Elías es transportado a los Cielos: 2 Reyes 2:3-10 (896 a. de C.). Cumplida: 2 Reyes 2:11 (896 a. de C.).
Fin del hambre en Samaria: 2 Reyes 7:1-2 (c. 892 a. de C.). Cumplida: 2 Reyes 7:3-18 (c. 892 a. de C.).
Hazael habría de convertirse en cruel rey de Siria: 2 Reyes 8:7-13 (c. 891 a. de C.). Cumplida: 2 Reyes 8:14-15, 28-29; 10:32; 13:3 (c. 891 a. de C.).
Muerte de la reina Jezabel: 1 Reyes 21:23 (899 a. de C.); 2 Reyes 9:10 (884 a. de C.). Cumplida: 2 Reyes 9:30-37 (884 a. de C.).
Cuatro generaciones de los descendientes del rey Jehú habrían de sentarse en el trono de Israel: 2 Reyes 10:30 (884 a. de C.). Cumplida: 2 Reyes 15:12 (c. 810 a. de C.).
Aniquilación del ejército de Senaquerib y muerte de éste: 2 Reyes 19:6-7, 20-28; 32-34 (c. 710 a. de C.). Cumplida: 2 Reyes 19:35-37 (c. 710 a. de C.).
Nacimiento y celo del rey Josías: 1 Reyes 13:2 (975 a. de C.). Cumplida: 2 Reyes 22:1-2; 23:15-25 (641 a. de C.).
Muerte de Hananías, el falso profeta, dentro del plazo de un año: Jeremías 28:10-16 (c. 596 a. de C.). Cumplida: Jeremías 28:17 (c. 596 a. de C.).
Invasión del reino del sur (Judá) por los caldeos (babilonios): Habacuc 1:6-11 (c. 626 a. de C.). Cumplida: 2 Reyes 25:1 (590 a. de C.).
Destrucción de Jerusalén y cautividad de los judíos y del rey Sedequías a manos de los babilonios: Jeremías 25:11 (c. 606 a. de C.); 32:3-5 (c. 590 a. de C.); 32:2 (c. 591 a. de C.). Cumplida 2 Reyes 25:2-11; 2 Crónicas 3611-21 (586 a. de C.).
Humillación, conversión y rehabilitación del rey Nabucodonosor, de Babilonia: Daniel 4:20-27 (c. 570 a. de C.). Cumplida: Daniel 4:28-37 (c. 569 a. de C.).
Sucesión de imperios mundiales después de Babilonia: Daniel 2:31-40 (603 a. de C.); 7:1-7, 17 (c. 555 a. de C.); 8:1-8 (c. 553 a. de C.). Cumplida: El imperio medo persa (538 a. de C.-333 a. de C.) quedó simbolizado por el pecho y los brazos de plata de la imagen del capítulo 2, el oso del capítulo 7 y el carnero del capítulo 8; el imperio griego (333 a. de C.-146 a. de C.) fue el cumplimiento del simbolismo del abdomen y los muslos de la imagen de Daniel 2, el leopardo alado del capítulo 7 y el macho cabrío del capítulo 8; Roma (44 a. de C.-455 d. de C.) corresponde a las piernas de hierro de la imagen de Daniel 2 y a la bestia con dientes de hierro del capítulo 7.
El rey Ciro de Persia ¾de quien se predijo incluso el nombre¾ otorga a los judíos permiso para regresar a Jerusalén y reconstruir la ciudad y el templo: Isaías 44:28; 45:1-4 (c. 712 a. de C.). Cumplida: Ciro el grande reinó de 558-530 a. de C. (Véase también 2 Crónicas 36:22-23 y Esdras 1:1-4.)
Retorno de los judíos al cabo de 70 años de cautividad en Babilonia: Jeremías 25:12 (c. 606 a. de C.); 29:10,14 (c. 599 a. de C.); 33:7 (c. 590 a. de C.); Zacarías 1:16-17; 8:9 (c. 519 a. de C.). Cumplida en cuanto a la reconstrucción del templo: Esdras 6:14-16 (516 a. de C.). (Véase también Esdras capítulos 1, 7 y 8.)
Reconstrucción de los muros y las calles de Jerusalén: Daniel 9:25 (c. 538 a. de C.). Cumplida: Nehemías 6:15; 7:1 (445 a. de C.).
Destrucción de Tiro, capital de Fenicia y centro mundial del comercio, en dos etapas: Ezequiel 26:3-21 (588 a. de C.). Cumplida: La primera etapa se cumplió cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, sitió durante 13 años dicha ciudad costera y la destruyó (585-572 a. de C.). Sin embargo, no tenía armada, motivo por el cual no pudo arrasar el sector isleño de la ciudad. La segunda etapa se cumplió cuando Alejandro Magno capturó la ciudad isleña de Tiro y construyó un paso elevado desde la costa hasta la isla, para lo cual utilizó cedros de las montañas del Líbano como pilares, y escombros de las ruinas del sector costero de la ciudad como relleno (332 a. de C.).
Siendo estéril, Elisabet engendra y da a luz a Juan el Bautista: Lucas 1:13 (5 a. de C.). Cumplida: Lucas 1:24, 57-64 (4 a. de C.).
Matanza de los inocentes en Belén: Jeremías 31:15 (c. 606 a. de C.). Cumplida: Mateo 2:16-18 (2 a. de C.).
Juan el Bautista, predecesor del Mesías: Isaías 40:3 (c. 712 a. de C.); Isaías 62:10-12 (c. 698 a. de C.); Malaquías 3:1; 4:5-6 (420 a. de C.); Lucas 1:17, 76-80 (4 a. de C.). Cumplida: Mateo 3:3 (26 d. de C.).
Conversión de los gentiles: Isaías 9:2 (c. 740 a. de C.); Isaías 49:6 (c. 712 a. de C.). Cumplida: Mateo 4:13-16 (26 d. de C.); Hechos 13:48 (46 d. de C.).
Ceguera espiritual de los dirigentes religiosos judíos: Isaías 6:9 (c. 758 a. de C.); Isaías 29:13 (c. 712 a. de C.). Cumplida: Marcos 7:6-7 (28 d. de C.); Hechos 28:25-27 (62 d. de C.).
Jesús es traicionado por Judas Iscariote: Salmo 41:9 (c. 980 a. de C.). Cumplida: Juan 13:18; 18:1-5 (30 d. de C.).
Precio y consecuencias de la recompensa dada a Judas por traicionar a Jesús: Zacarías 11:12-13 (c. 487 a. de C.). Cumplida: Mateo 26:14-15; 27:3-10; Hechos 1:18-19 (30 d. de C.)
Pedro niega a Jesús: Mateo 26:34 (30 d. de C.). Cumplida: Mateo 26:69-75 (30 d. de C.).
Otro discípulo sustituye a Judas: Salmo 109:7-8 (c. 980 a. de C.). Cumplida: Hechos 1:17, 20 (30 d. de C.).
Derramamiento del Espíritu Santo: Joel 2:28-29 (c. 800 a. de C.); Hechos 1:4-5 (30 d. de C.). Cumplida el día de Pentecostés: Hechos 2:1-4, 16-18 (30 d. de C.).
Naufragio en el viaje de Pablo a Roma sin que se pierda una sola vida: Hechos 27:9-10, 21-26, 34 (61 d. de C.). Cumplida: Hechos 27:41-44 (61 d. de C.). (Véase también 2 Corintios 11:25.)
Destrucción de Jerusalén después de la venida de Jesús: Daniel 9:26 (c. 538 a. de C.); Mateo 24:1-2; Lucas 19:42-44 (30 d. de C.). Cumplida: Cuarenta años después de la muerte de Jesús, las legiones romanas del emperador Vespasiano, a las órdenes de su hijo el general Tito marcharon sobre Jerusalén, redujeron el templo a cenizas y separaron una a una las piedras de las ruinas para hacerse con el oro de las vasijas y adornos, que se había fundido y escurrido por entre las grietas (70 d. de C.).
El Evangelio se predica y el cristianismo se extiende por todo el mundo: Mateo 24:14; Hechos 1:8 (30 d. de C.). Cumplida: Actualmente las diversas confesiones cristianas cuentan con más de dos mil millones de feligreses en todos los países. (Véase también Marcos 16:20; Hechos 8:1; 17:6.)

¿Cuál eres tú?
Jesús contó la siguiente parábola:
«El sembrador salió a sembrar su semilla; y mientras sembraba, una parte cayó junto al camino, y fue hollada, y las aves del cielo la comieron. Otra parte cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenía humedad. Otra parte cayó entre espinos, y los espinos que nacieron juntamente con ella, la ahogaron. Y otra parte cayó en buena tierra, y nació y llevó fruto a ciento por uno». Hablando estas cosas, decía a gran voz: «El que tiene oídos para oír, oiga».
Y Sus discípulos le preguntaron, diciendo: «¿Qué significa esta parábola?»
Y Él dijo: «A vosotros os es dado conocer los misterios del Reino de Dios; pero a los otros por parábolas, para que “viendo no vean, y oyendo no entiendan”.
»Esta es, pues, la parábola: La semilla es la Palabra de Dios. Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el Diablo y quita de su corazón la Palabra, para que no crean y se salven. Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la Palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan. La que cayó entre espinos, estos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto. Mas la que cayó en buena tierra, estos son los que con corazón bueno y recto retienen la Palabra oída, y dan fruto con perseverancia».
Lucas 8:5–15.

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